Siempre pensamos en lo que va a pasar cuando nos vayamos: todo lo que vamos a hacer, todo lo que vamos a vivir, toda la gente que vamos a conocer, todos los lugares que vamos a descubrir. En definitiva, pensamos en lo que nos va a pasar. Pero cuando nos vamos dejamos amigos, una escuela, familia, quizás un novio o novia, quizás mascotas, hobbies y quién sabe cuántos otros grupos, personas y proyectos. Todos estos factores que son elementales para nosotros, se quedan. Nosotros nos vamos.
Ya sabemos que este año nos va a cambiar la vida, sabemos que el que se va es uno y el que vuelve es otro, lo sabemos y es una de las razones que nos hicieron elegir vivir esta experiencia. Y tenemos que prepararnos para el cambio que no solo nos va a tocar a nosotros, sino a todo eso que se queda en nuestros países. Porque el tiempo no se va a detener en el momento que dejemos nuestra casa. El tiempo va a pasar, para nosotros y para lo que se queda. Nuestros amigos van a seguir saliendo, nuestros profesores van a seguir dando clase, nuestra familia se va a seguir juntando los domingos... todo va a seguir su curso natural de cambio, solo que nosotros no vamos a estar ahí para verlo. Puede que sean cambios sutiles e imperceptibles, o más notorios y definitivos. El cambio siempre es bueno, aunque a veces cueste o duela. Tenemos que ser conscientes de que va a ocurrir y de que cuando volvamos, por supuesto, nos va a sorprender ver que todo eso que creíamos conocer cambió tanto. Pero así vamos a tener la oportunidad de redescubrirlo: mirar con nuestros ojos también cambiados, el lugar que siempre llamamos "casa" u "hogar"; enterarnos y ponernos al día de todo eso que pasó mientras no estábamos; y por supuesto, volver a conocer a nuestra gente, abrirse paso entre todas esas nuevas características, hasta llegar a lo conocido, porque la esencia de una persona, eso que nos hace quererlas, no cambia nunca.
Nos vamos a perder muchas cosas: cumpleaños, Navidad, graduaciones, año nuevo, fiestas, juntadas, eventos, oportunidades... Sí. No está bueno, pero es el sacrificio con el que nos comprometemos para ganar mucho más de lo que perdemos. Preguntale a cualquier estudiante de intercambio: no perdés un año de tu vida, ganás una vida en un año.
Probablemente, antes de irte te pase que todo cae en su lugar. Que todo se acomoda y todo se te da justo cuando tenés que irte. Un panorama con todos tus factores cotidianos en orden y mejor que nunca para aprovecharlos, pero tenés que dejarlo justo ahora, que tan perfecto quedó. No es casual. Todo esto no pasa "justo" cuando te vas, pasa porque te vas. La gente sabe que no te va a ver en un año, vos mismo tomás consciencia de ese hecho. Hay que dar un cierre a las relaciones, y nadie, por lo general, quiere que ese cierre sea negativo. Por eso probablemente se dé un clima de paz y armonía en los grupos sociales de los que formás parte. Los que querés te van a extrañar, se dan cuenta de eso y tratan de aprovechar el tiempo lo más posible. De repente tenés juntadas a modo de despedida con gente que no veías hace muchísimo y estás ocupado hasta un lunes. Es raro, pero está muy bueno. Sin embargo es una eventualidad. Antes de que esta "tregua" llegara, tu vida no era color de rosas, siempre con pros y contras. Cuando te vas la tregua se termina, no es que sigue así indefinidamente. Por ende no vale la pena perder tiempo lamentándose el no poder quedarse para seguir viviéndola, más vale, disfrutarla mientras dure.
También puede pasar que la gente y vos se animan a hacer más de lo que harían normalmente porque no van a tener que lidiar con las consecuencias de sus actos físicamente, al menos por un año. Eso fue lo que me pasó a mí, al menos. Yo hasta hice una lista de cosas para hacer antes de irme, aprovechar esta chance de impunidad temporal. Ojo, no me malentiendan, no salí a asaltar bancos o a delinquir. Pero hice y dije cosas que hacía mucho quería hacer y para las cuales me hubiera faltado el valor si no me hubiera estado por ir tanto tiempo. Y estoy muy contenta de haberlo hecho, no me arrepiento de nada, solo de no haberlo hecho antes. Funciona también como prueba de la gran lección que es el tomar riesgos. En ésta circunstancia los tomamos desde un lugar pseudo seguro, con un pie en el avión, pero a la vez (si les gusta pensar en cantidades extremas, como a mí) somos capaces de darnos cuenta de que eran cosas pavas, que sí, daban miedo, pero las podríamos haber hecho hace mucho. Como siempre intento concentrarme en el lado positivo de la situación, por más que me de bronca haber abierto puertas que no puedo cruzar ahora, me quedo tranquila y espero que sigan abiertas cuando vuelva. Y así crecemos, o al menos yo sentí que crecí, con un agregado totalmente personal, pero que vino junto con la experiencia intercambio.
Y ésto se desprende de ese período que se da justo antes de dejar nuestro hábitat natural. Sabemos que lo vamos a extrañar, pero bueno, no es ninguna noticia. Ya sabíamos que ésto iba a pasar, pero ahora nos toca vivirlo, y aunque creamos que ya lo tenemos super asumido, la realidad es otra. Así que antes de irnos, días, semanas, meses incluso antes de subirnos al avión, tomémonos un momento para observar y apreciar cómo son las cosas ahora. Porque a la vuelta no van a ser las mismas.
También puede pasar que la gente y vos se animan a hacer más de lo que harían normalmente porque no van a tener que lidiar con las consecuencias de sus actos físicamente, al menos por un año. Eso fue lo que me pasó a mí, al menos. Yo hasta hice una lista de cosas para hacer antes de irme, aprovechar esta chance de impunidad temporal. Ojo, no me malentiendan, no salí a asaltar bancos o a delinquir. Pero hice y dije cosas que hacía mucho quería hacer y para las cuales me hubiera faltado el valor si no me hubiera estado por ir tanto tiempo. Y estoy muy contenta de haberlo hecho, no me arrepiento de nada, solo de no haberlo hecho antes. Funciona también como prueba de la gran lección que es el tomar riesgos. En ésta circunstancia los tomamos desde un lugar pseudo seguro, con un pie en el avión, pero a la vez (si les gusta pensar en cantidades extremas, como a mí) somos capaces de darnos cuenta de que eran cosas pavas, que sí, daban miedo, pero las podríamos haber hecho hace mucho. Como siempre intento concentrarme en el lado positivo de la situación, por más que me de bronca haber abierto puertas que no puedo cruzar ahora, me quedo tranquila y espero que sigan abiertas cuando vuelva. Y así crecemos, o al menos yo sentí que crecí, con un agregado totalmente personal, pero que vino junto con la experiencia intercambio.
Y ésto se desprende de ese período que se da justo antes de dejar nuestro hábitat natural. Sabemos que lo vamos a extrañar, pero bueno, no es ninguna noticia. Ya sabíamos que ésto iba a pasar, pero ahora nos toca vivirlo, y aunque creamos que ya lo tenemos super asumido, la realidad es otra. Así que antes de irnos, días, semanas, meses incluso antes de subirnos al avión, tomémonos un momento para observar y apreciar cómo son las cosas ahora. Porque a la vuelta no van a ser las mismas.