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Amigos

Sin duda la mejor parte de la experiencia. Yo soy la loca del auto descubrimiento y el crecimiento personal, y aunque esos dos vienen en se...

domingo, 15 de abril de 2018

Amigos

Sin duda la mejor parte de la experiencia. Yo soy la loca del auto descubrimiento y el crecimiento personal, y aunque esos dos vienen en segundo lugar, afirmo sin cuestionamiento posible, que los amigos son lo más lindo que te llevás del intercambio.

Como siempre, cuando me dijeron que probablemente no haría tantos amigos locales, sino amigos de intercambio, lo dudé. Cuánta razón tenían... Ojo, no hay ningún problema con mis compañeros de clase y la gente de mi edad de acá, son buena gente y me caen bien. Es que simplemente el vínculo que yo generé con ellos sentándome al lado en una clase, no tiene siquiera la oportunidad de compararse con el vínculo que se genera con ellos en la misma experiencia que vos.

En mi caso también pudo haber influido el hecho de que en Bélgica hay cuatro tipos de escuelas: técnicas, artísticas, básicas y de las que te preparan para un nivel de estudio superior. Por lo general, son bastante distintas entre sí y los alumnos suelen responder a ciertas características dependiendo a lo que la escuela exige. La mía resulta ser del último tipo, por ende el nivel es terriblemente avanzado y demandante. Mis compañeros se dedican muchísimo a la escuela, tienen exámenes, trabajos prácticos y presentaciones todas las semanas. Eso también contribuye a que salgan menos, no hablen en clase y sea más difícil generar una relación profunda. Tengo un grupito de chicas que considero amigas, pero no del tipo que llamaría a las tres de la mañana si entro en una crisis emocional. Más bien del tipo con el que iría a tomar un café y hablar de series, (si la escuela alguna vez les deja tiempo).

Ahora, hablemos de ZAN, mi chapter. Hablemos de los otro cuatro estudiantes con los que me fui una semana de vacaciones. Hablemos de AFSers que viven en la otra punta del país y que sin embargo significan un mundo para mí. Hablemos de algunos que ya volvieron a sus países incluso, y seguimos en contacto. Esos, son amigos de verdad.

Compartí cada cosa con esta gente. Experiencias que nos hacen crecer ya si las hiciésemos solos, las hacemos juntos y crecemos más. Cuando te ves en la situación de construir una vida entera en un año, todo se intensifica, y el tipo de amistades que surgen de AFS no se rompen ni con distancia ni con tiempo. Aprendí a querer sin fronteras, y no podría estar más agradecida por ello.

En poco tiempo estas personas me hicieron reír hasta las lágrimas, me vieron llorar y me hicieron reír de nuevo, escucharon mis secretos y me contaron los suyos, hablamos de todo, salimos, bailamos, nos aguantamos en situaciones... intensas, compartimos y nos aconsejamos en vida amorosa y familiar, vimos películas, hicimos karaoke, viajamos, viajamos solos por primera vez, nos escapamos, nos mandamos las nuestras, hicimos cosas bien, hicimos cosas mal, nos organizamos, trabajamos juntos, preparamos cosas lindas entre todos para algunos en particular, caminamos a la madrugada sintiendo que las calles eran nuestras, cantamos We are young con toda la fuerza que nuestros pulmones nos permitieron, cocinamos juntos, juntos triunfamos y fracasamos... y cuántas cosas más que no estaré pudiendo poner en palabras conscientemente.

No hay forma de describir la intensidad de los vínculos que en un par de meses formé con éstos, que hoy en día llamo amigos, en el más puro significado de la palabra. Ellos son lo que más agradezco a AFS y de lo que más orgullosa me siento de haber conseguido durante esta experiencia. Los amo con todo lo que soy. <3

Extrañar

A veces me cuesta dormirme. Porque cuando sola, en silencio y oscuridad, la mente permite que aflore todo aquello que en el ruido y la luz intentó suprimir.

Pasar un año lejos de quienes más queremos en el mundo no es fácil. Uno pasa su vida entera en compañía de personas que naturalmente se vuelven esenciales. Familia, amigos, seres queridos. Son otro factor que está siempre presente en la realidad cotidiana, y te das cuenta de que no son una parte física de vos cuando te vas.

Uno creería que los primeros meses son los más difíciles, por el shock y lo repentino del cambio. Pero a mí (y calculo que a muchos otros) me pasó que fueron los más fáciles. Fue un poco como saber que estás dando un paso al vacío pero con mucha confianza en lo que estás haciendo. Como subirte a una montaña rusa con toda la calma y tranquilidad del mundo, diciendo "creería que va a ir bien, no parece ser taaaaan grav...". Y ahí arranca.

Al principio yo me fui sin miedo, creyendo que sí, extrañaría, pero que bueno, pasaría rápido, que no era tan terrible extrañar un poco. JA. Me gustaría encontrarme a mi versión de hace unos meses. Por supuesto que al principio estaba sobre emocionada, con mil cosas en la cabeza, intentando apreneder y asimilar todo lo nuevo, conociendo gente y lugares, yendo de acá para allá, sin parar. Casi ni me acordaba de que me faltaba algo.

La primera vez que realmente entré en crisis fue para las fiestas. Siempre había escuchado que esa era una época difícil para un estudiante de intercambio, pero me parecía absurdo. Esa es justamente la oportunidad para vivir Navidad y Año Nuevo de una forma distinta y nueva, es una época de casa llena, alegría, movimiento. No entendí que también es una época de querer ir a casa hasta que llegó.

Fueron en verdad fiestas distintas, con otras costumbres, historias y hábitos, y disfruté mucho de conocerlas, pero en esos días andaba con la sensación en el pecho de que en mi casa eran más lindas. Ver a toda la familia junta, los chistes de siempre, el brindis después de las doce, los fuegos artificiales, mis amigos que salían de fiesta, el calor... Esas son las videollamadas que te dan justo donde duele. Fue una semana que estuve un poco más abajo que de costumbre, pero como todas las otras semanas del año, terminó pasando.

A partir de ahí dejó de ser todo cuesta arriba, y una vez por mes aproximadamente me agarra un bajonazo con ganas de volver. A veces escucho música triste o veo algún corto/video/película que me haga llorar para poder canalizar la emoción. Escribo, por supuesto, abrazo cosas que me traje de casa, y me termino durmiendo, después de un rato.

Tener demasiado contacto con tu país, en mi experiencia, es contraprocudente. Al menos cuando sabés que te queda todavía un buen tramo del intercambio para recorrer, porque te agarra la desesperación. La distancia está ahí y no hay nada que puedas hacer para acortarla. Es una sensación de claustrofobia aún cuando tenés un continente entero para vos. Lo que más me funcionó fue distraerme, echar raíces acá, hacer de ésta, también mi casa. Desde cosas tontas como decorar mi habitación y pegar fotos en las paredes, hasta empezar hobbies y armar rutinas que hagan que este lugar se sienta un poco más mío. Otros estudiantes de intercambio son esenciales en esta etapa, porque no solo entienden lo que estás pasando porque ellos están en la misma, sino que son tus amigos, y te conocen, como vos los conocés a ellos, y se puede dar una muy linda retroalimentación de intentar levantarse el ánimo mutuamente.

Recién ahora que me quedan solo tres meses de intercambio me permito hablar más con mi familia y amigos en Argentina, porque sé que puedo manejarlo. Estoy relativamente tranquila, porque ya habiendo experimentado la velocidad con que pasa el tiempo, sé que antes de que me de cuenta voy a estar allá de nuevo, y la desesperación me agarra en realidad cuando pienso en que me voy a tener que ir.

De todas formas, no es cuestión de enterrar el dolor. La tristeza no va a desaparecer por más que la ignores. Como con el miedo o cualquier otro sentimiento negativo, la mejor manera de lidiar con él, es enfrentándolo. Entregarse a esa emoción aunque duela. No estancarse ahí, por supuesto, hay que intentar sacar algo positivo de ese dolor, hay que trabajarlo, pero no sin antes procesarlo en su pura naturaleza. Permitirse llorar, permitirse extrañar y permitirse estar abajo.

Naturalmente, no es un momento "placentero", pero es parte de la vida. Sería preocupante que no extrañe mi primer hogar. Los momentos tristes existen para hacer contraste con los lindos, y que seamos capaces de apreciarlos. Hay que vivir todas las emociones y experiencias para poder mantener un balance.

De ese equilibrio nace nuestro crecimiento y aprendizaje.

martes, 27 de febrero de 2018

La Familia (primer edición)

Según la sociología, la familia es el primer grupo social con el que la persona entra en contacto, del que aprende y depende. Su supervivencia, bienestar, formación y personalidad está en las manos de esa familia. Parece bastante importante el rol que cumple, no?

Cuando te vas de intercambio te dicen muchas cosas, entre ellas: "irse de intercambio, es como volver a nacer". Ambigua, como toda frase que pretende resumir un concepto amplio, se la puede interpretar como el renacer personal al que se llega por la intensidad de la experiencia, o a lo concreto del proceso. Te encontrás con un idioma nuevo, por ende tenés que aprender a hablar. En algunos casos la forma de moverse en la comunidad es distinta, por ende tenés que aprender a "caminar", (yo literalmente tuve que adaptarme a un país en el cual una bicicleta es tan fundamental como un par de piernas). Te encontrás con muchísimos elementos y funciones básicas de la vida cotidiana, que tenés que re-aprender. Y quién te ayuda ahí? Porque solo es un poquito complicado...

La familia es un factor esencial en el intercambio. De ella depende muchísimo. Por eso es importante siempre dar lo mejor de uno para que esa relación funcione. En los talleres previos, te enseñan que lo más importante es la comunicación con la familia, lo repiten infinitas veces, "comunicación" se convierte en una palabra gastadísima... Y ahora puedo corroborar la verdad y precisión en el asunto.

Al ser de dos culturas diferentes y estar acostumbrados a distintos conceptos de la palabra "normal", las confusiones son inevitables. Poder hablar sobre ellas con libertad, claridad y honestidad con las personas con las que convivís es más que importante. Amigos me han contado sobre problemas que tenían con sus familias anfitrionas y yo los escuchaba... y para mí era como si tuviesen un cartel de neón en la frente que gritaba "falla en la comunicación". Así que agradezco a todos esos voluntarios que tanto insistieron en ese punto y que me ahorraron unos cuantos conflictos. Sin embargo siempre existe la opción de cambiar de familia, y si las cosas simplemente no funcionan con una, se tiene que buscar otra, porque de eso depende una gran parte de la experiencia.

Por suerte a mí me tocó una familia genial. Por supuesto teníamos nuestras diferencias. Yo estaba acostumbrada al estilo de vida de hija única, tener mucha independencia y libertad en mi forma de manejarme, y caí en una familia con tres hijos en la universidad, donde yo era la más chica y sumado a mi condición de hija de acogida, naturalmente iban a cambiar un par de aspectos. Pero con diferencias, algún que otro malentendido (es imposible que no los haya, pero si se aprende de ellos, terminan siendo para bien) y todo, encajamos de una forma fantástica. Como dirían en inglés, un "match made in heaven".

Compartimos el amor por los libros, la cultura, el saber, la curiosidad y el café. Mis papás me llevan a recorrer ciudades , me cuentan muchísimo sobre historia, arte y arquitectura, visitamos museos juntos, viajamos juntos, conocemos iglesias juntos... Incluso si una semana no hacemos ninguna de nuestras "excursiones culturales", hasta quedarnos leyendo juntos o viendo una película en casa se siente enriquecedor. Una de mis anécdotas favoritas es sobre una tarde, que estábamos cenando solo mi papá, mi mamá y yo. Se me había ocurrido preguntar por la traducción y el uso de una expresión en holandés, y se compenetraron tanto en la discusión etimológica que pararon la cena y trajeron al menos tres diccionarios gigantescos a la mesa para consultar y llegar al significado original. Muchas veces pasa que por este tipo de cuestiones terminamos reflexionando con libros en griego o latín en la mano. Me fas-ci-na cuando pasa esto.

Y con mis hermanos también desarrollé una relación preciosa. Siempre quise tener hermanos mayores, y de repente tengo tres. Podemos hablar de muchísimas cosas y ellos me muestran la cultura belga desde otro punto de vista, no la historia, sino la actualidad. Los tres están en el movimiento de los scouts, siempre me llevan con ellos, me presentan a sus amigos y me tienen en cuenta. Mi hermana sabe tocar el piano y cada vez que la veo que se acerca a su silloncito , ya sabemos las dos que en menos de 3,7 segundo yo voy a llegar volando a sentarme en el sillón al lado del piano. Ella practica y yo apoyo la cabeza y me semiduermo, especialmente cuando toca la sonata Nº 14 de Beethoven, "Moonlight" (mi favorita). Con ella tenemos el vínculo de hermanas que las dos siempre quisimos tener. Miramos series juntas, tenemos conversaciones cósmicas, me presta ropa, me cubre cuando me mando alguna que otra... La amo muchísimo. Y mis dos hermanos varones son simplemente geniales. Son las personas más espontáneas que creo conocer. Tienen detalles tan particulares a los que me acostumbré demasiado y que sé que voy a extrañar muchísimo. Por ejemplo el chasquido de los dedos de uno, que hace inconscientemente cuando baja la escalera, o entrar a la cocina y que el otro esté en el piso haciendo flexiones. Realmente los quiero muchísimo a los tres.

Mi familia me regala cada día un pedacito de su cultura y de ellos como familia y como personas, al aceptarme en su hogar, como una más de ellos. Que no compartamos la misma sangre pierde toda importancia cuando el vínculo que formamos tiene más valor que una prueba de ADN.

A la mitad de mi intercambio me toca cambiar de familia, no por decisión propia ni por tener algún problema con la actual, sino porque me asignaron un tipo de estadía con familia múltiple. Es triste poder compartir solo la mitad de mi intercambio con esta primer familia, porque ya se ganaron un lugar entre las personas que son especiales para mí, pero entiendo que así tengo la oportunidad de conocer y disfrutar a dos familias geniales :) 

Perspectiva

A veces todo lo que necesitamos es un poco de ella. Perspectiva.

Alejarse de algo para verlo mejor. Qué loco, no? Que empecemos a apreciar más lo que ya no tenemos a nuestro alcance.

El permanecer mucho tiempo quieto nos permite ver las cosas desde un solo punto de vista, nos limita. Por eso necesitamos cambiar, movernos, alejarnos. Porque esa distancia nos hace bien, nos hace crecer. Se cambia de opinión al ver que lo que se tenía por verdad absoluta termina dependiendo de por dónde se lo mire. Y eso es lo más maravilloso que alguna vez nos puede pasar: darnos cuenta de lo efímero de la realidad. Así nuestra forma de pensar, interpretar, ver, y por ende actuar, evoluciona.

Sonará muy amplio, cósmico y profundo; pero a mí me tocó vivirlo a través de mi intercambio. La realidad en la que viví durante más de dieciséis años dio un giro de 180º cuando la dejé. Miré mi vida con otros ojos, desde otro punto de vista... y la vi distinta. Vi que siempre me quejé de cosas que podía cambiar, vi que estoy rodeada de gente increíble, vi la magnitud de muchos sucesos a los que nunca di mucha importancia, y entendí mucho más sobre mí misma, sobre por qué soy de la forma que soy.

Sin embargo aprendí (y sigo aprendiendo) sobre perspectiva en más de un aspecto. Sirve para todo, en la vida. Personalmente, lo experimenté como una evaluación de la propia realidad, pero también en el espectro cultural. Lo que estoy viviendo ahora es justamente, un intercambio cultural. Era inevitable que llegue eventual, consciente o inconscientemente, a este aprendizaje. Comenzamos a entender otra cultura cuando entramos en contacto con ella. Después de un par de meses completamente inmersa en la cultura belga, realmente voy empezando a comprender distintos aspectos de ella, me resultan hasta lógicos. Y no obstante también lo veo con ojos de argentina, y veo el contraste, por supuesto. La diferencia es que ahora lo veo sin prejuicios, o al menos hago el esfuerzo para que así sea. Es terriblemente enriquecedor.

La perspectiva también te ayuda a entender otras culturas sin necesariamente vivirlas. Si bien esa siempre va a ser la forma más efectiva, de una simple charla se aprende mucho. Uno de mis más claros ejemplos fue con la cultura turca. El clásico estereotipo que yo también tenía sin saberlo, era el de los turcos siendo extremadamente serios e introvertidos, cerrados al resto. La sorpresa que me llevé cuando conocí al grupo de 26 estudiantes turcos de intercambio en Flanders. Lo que yo había imaginado inconscientemente no tenía nada que ver con la realidad. Personas totalmente simpáticas, divertidas, amantes de la fiesta, fáciles de conectar con, que se volvían locos con la música latina. En el primer campamento que tuvimos con todos los estudiantes de AFS de Bélgica Flamenca, me tocó en la habitación con dos chicas de Turquía. Hoy son dos de mis mejores amigas en el mundo. Y aproximadamente el 20% de mis amigos de intercambio son turcos. Ésto, creo yo que es a lo que se le llama Efecto AFS. Un claro estereotipo. Y una clara ruptura del mismo.

A través de estas pequeñas y diversas tomas de perspectivas a nivel cultural se me fueron desdibujando las fronteras y empiezo a mirar al mundo como una gran, variada e inmensamente rica cultura única.

Y al mismo tiempo ésto no se queda ahí, tomar perspectiva no sirve solo cuando te vas un año a vivir a otro país y conocés gente de todo el mundo. Lo tomo como una herramienta y mi intención es utilizarla más seguido de ahora en adelante. Tomando perspectiva se puede entender mejor la realidad, de uno mismo, de los otros; de una persona, de un país; a nivel personal o global, emocional, laboral o filosófico.

La perspectiva nos permite comprender. Lo que nos lleva a aprender. Y el paso final, es utilizar esa sabiduría para cambiar y mejorar.

lunes, 30 de octubre de 2017

Campamento de Bienvenida

Después de un período tan lleno de la palabra "despedida", fue bueno cambiar a uno que con la misma frecuencia repetía otra: "bienvenida".
Y así me sentí realmente, cuando toqué suelo belga por primera vez. Me puse a hablar con todo el mundo, sin importar si mis English speaking skills no eran las mejores. Voluntario, estudiante... ninguno se salvó de mi charla constante y determinada.
Debe ser traído a colación que yo nunca fui una persona muy sociable en práctica, siempre me gustó estar en compañía de personas, pero hasta el momento preferí muchas veces mi preciada soledad. En algún lugar, muy profundo en mi ser, sabía que tenía un lado que amaba la sociabilidad, pero sea por mi contexto, mi personalidad o las situaciones a las que estaba acostumbrada, en Argentina nunca lo pude sacar a flote. Pero acá... el segundo en el que empecé a ver gente desconocida, fue como si esa parte de mí floreciera y tomara el control de mi persona, porque en serio, no quedó rastro de mi siempre presente timidez ante gente nueva. Me volví fanática número uno de conocer gente y hacer amigos. No tengo idea de cómo pasó, pero estoy más que contenta de que haya ocurrido. Me llevo bien con esta parte de mí misma.
El punto es que así, con esta recientemente descubierta hambre de socializar, me subí a uno de los muchos colectivos que AFS nos brindó para trasladarnos al lugar del campamento. En el camino me la pasé hablando con gente de todos lados, el ambiente en sí estaba colmado de ansias y emoción, todos gritábamos, nos conocíamos, poníamos música, íbamos de un asiento al otro... Todo era nuevo y nos llamaba la atención, mirábamos todo afuera de la ventanilla y nos asombrábamos hasta con los carteles de las rutas. Recuerdo particularmente gritar "OMG GUYS: BELGIAN TREES". Cuando llegamos... Dios. Literalmente Dios, porque era una casa de retiros espirituales, con capilla y todo. Pero parecía un castillo medieval. Impresionante. Quedé enamorada, los pasillos, el parque que lo rodeaba, el parquecito que tenía en el  medio, las habitaciones, los vitros, las ventanas... era una preciosura. El lugar en sí gritaba "Europa" y yo me lamentaba profundamente haberme quedado sin batería y no tener adaptador para los enchufes europeos. Sin embargo, las mejores fotos las sacamos con los ojos, así que me concentré en mirar todo muy bien y disfrutar cada segundo.
Entramos a un salón común, nos dieron comida y dejamos nuestros bolsos afuera. Nos dieron una breve charla para luego dejarnos libres para que nos instalemos en las habitaciones asignadas, nos duchemos y disfrutemos de tiempo libre hasta la primer reunión.
Me dirigí a mi pieza, sentía realmente que caminaba en un palacio, salvo por el traqueteo de las ruedas de mi valija, que rompía un poquito la atmósfera, pero igualmente, hasta subir mis extremadamente pesados bolsos TRES PISOS, resultó agradable. Cuando llegué vi que en las puertas había carteles con los nombres de la personas que dormían en cada habitación. Yo estaba con Buse y Egenur, dos chicas de Turquía. Me emocionó mucho este detalle porque Ege era una de las personas con las que había hablado por Whatsapp antes de venir. Un grupo enorme con muchísima gente había sido creado unas semanas antes de venir, con gente de todo el mundo y de todas las organizaciones: AFS, Rottary, YFU, WEP... Y de toda esa gente había hablado con un par, entre ellos Ege, con la que pegamos muchísima onda y teníamos muchísimo en común, literalmente recuerdo escribirle que ella era mi versión turca. Y resulta que ahora estaba en mi misma habitación e incluso en mi mismo chapter (sub organizaciones de AFS Flanders, grupos de estudiantes y voluntarios que viven en la misma zona geográfica; prácticamente con la gente que más contacto tenés, a los que más ves y con los que más actividades y eventos compartís). Así que bueno, dejé mis cosas, me bañé (porque después de 16 horas de puro viaje lo necesitaba definitivamente) y bajé para unirme al resto de la gente.
Eran al rededor de las 5:30 de la tarde, nunca me imaginé que iban a estar sirviendo la cena. O sea ¿¿¿¿???? Para Latinoamérica, la hora normal de cenar es entre las 20-22, por ende esto resultaba muy extraño. Sin embargo fui y me senté con completos desconocidos. No recuerdo exactamente con cuáles, pero sé que fue genial. Más tarde tuvimos una reunión general para darnos la bienvenida oficial e introducir las reglas del campamento, (las clásicas: respetar los horarios, no alcohol, no drogas) y las Reglas de Oro de AFS (no drogas, no hacer dedo, no manejar vehículos motorizados). Después tuvimos más tiempo libre, para bañarnos, seguir conociéndonos o dormir, porque todos estábamos hiper cansados.
Yo mandé un par de mensajes a mi familia (en Bélgica y en Argentina) desde las computadoras que había en el lugar, para dejarles saber que estaba viva y nunca mejor que en ese momento, interactué un rato más en el patio y al rededor de las 12-1 me fui a dormir. A dormir o más bien a conocer a mis compañeras de habitación. Nos saludamos como si nos conociéramos de toda la vida, y ya podía decir desde ese momento que una linda amistad se avecinaba. Hablamos hasta quedarnos dormidas y descansamos unas seis horas...
Que se sintieron como cinco minutos. El jet lag es real. Y agotador. Muy a duras penas nos preparamos y bajamos a desayunar, siempre sentándonos con gente nueva. Era pleno verano en Bélgica así que todos sudando y tomando agua constantemente. De todas formas, los voluntarios nos decían que era un clima muy extraño, que casi nunca hay tanto sol y que llegamos en la semana en la que realmente hace calor, porque el verano suele ser más como una primavera cálida.
Posteriormente nos dieron unos "pasajes" para una aerolínea ficticia, "AFS Airlines", que nos iba a llevar en un viaje, el viaje de nuestro intercambio. Cuando entramos al salón común, los voluntarios estaban vestidos como azafatas y la sala simulaba ser un avión. Cantamos el himno belga y nos dieron las instrucciones para el vuelo. Una vez que nos hicieron una presentación sobre el país, nos fuimos retirando del salón por chapters, para empezar con los workshops (talleres, actividades).
Mi chapter es ZAN (Zuid Antwerpen, la zona del sur de Antwerpen/Antwerp/Amberes, ciudad muy importante, capital de los diamantes y llena genialidades de las que ya voy a hablar en profundidad) y es uno de los más grandes. Somos 16 estudiantes, de Italia, Indonesia, México, Tailandia, Eslovaquia, Turquía, Honduras, China, República Dominicana, Finlandia, Argentina y Bélgica Francesa. Es bien variado y tenemos voluntarios muy buena onda, uno de ellos se fue de intercambio a Argentina, así que es bueno poder hablar un poco nuestra versión del Español y entendernos. La primera vez que nos juntamos como chapter, tuvimos que presentarnos, decir nuestros nombres, países y algo sobre nosotros. El primero fue Fadhil, uno de los indonesios, y dijo "Hi everyone, my name's Fadhil, I come from Indonesia, I am 17 years old and I am single". Y así arrancamos, imagínense. Mucha buena onda en el grupo, con los que primero pegué onda, por supuesto, fue con los tres latinos, pero en un rato ya estábamos todos en sintonía.
Aprendimos un baile típico de Flanders, que se baila en un grupo grande de parejas y es extremadamente agotador, tuvimos una fiesta con temática casino en el sótano del complejo (que era increíblemente grande, limpio y tenía hasta un bar) y básicamente el campamento se nos fue entre juegos, workshops, charlas, preparación, expectativas y metas.
Si bien terminé destruida por el cansancio y todo lo que quería era dormir, me fui contenta de haber conocido y empezado relaciones con tanta buena gente. Me fui todavía con energía, sin embargo, porque todavía me faltaba lo más importante: conocer a mi familia.

El Día

Y sí. En algún momento iba a llegar, EL día. El tiempo, sea una ilusión, una recta lineal o una percepción humana, pasa indiferentemente a nuestro parecer. Y la fecha se hizo cada vez más cercana, y ahora está acá: Jueves 24 de Agosto, 2017. Con mi familia salimos el miércoles a la mañana para pasar un día en Buenos Aires, ya que no conocíamos la ciudad, y ellos se vuelven hoy, después de despedirme.
Ahora mismo son las 00:38, estoy en la bañera del hotel en el que pasamos la noche, inmersa en un baño desde hace por lo menos una hora, escuchando música y pensando mucho (demasiado). Por eso agarro el celular ahora, después de carburar duramente, llegué a un par de pensamientos y conclusiones que me gustaría dejar por sentado.

Cómo nos cuesta confiar en lo que nos es superior. Sé que suena flashero, pero tiene su lógica y relación con el tema.
Estas últimas semanas fueron bastante intensas. Mucho decir "chau", muchas situaciones definitivas y mucho darme cuenta. Tuve mis reuniones a modo despedida con unos cuantos grupos de amigos, viajé a saludar a distintas partes de la familia, me hicieron una despedida sorpresa, me hicieron regalos, me dieron muchas cartas... Claramente se estaban dando circunstancias fuera de lo común, y si bien agradecí y agradezco de todo corazón todo ésto que acabo de mencionar, no dejé de actuar como si todo siguiera su curso de siempre. No me permití perder la calma y pensar mucho en todo lo que dejo, porque me conozco a mí misma y a mi hipersensibilidad escondida, sé que si ya me agarraba el bajonazo emocional antes de irme... me iba a costar salir de él, y yo quería disfrutar el último tiempo en mi cotidianidad. Así que fui, no reprimiendo, para nada, pero postergando abiertamente mis emociones encontradas al dejar mi vida como siempre la conocí.
Una de las cosas más normales que uno piensa en esta situación es que si bien se deja lo lindo, también se deja lo feo. Entonces te concentrás en todo eso de lo que te vas a librar: una persona que no te bancás, una materia del colegio que te hace la vida imposible, una rutina que no te gusta... lo que se aplique a cada caso. Bueno, yo no sé si soy yo la salada o también le pasa a otra gente, pero dos semanas antes de irme, un 90% de eso que me estorbaba se acomodó. En diversos y amplios aspectos, mis conflictitos se fueron arreglando, dejándome un panorama casi idílico, un panorama que no me deja otra opción más que dejarlo, lamentablemente. De todas formas, y por más que me dé bronca, me di cuenta de que todas esas situaciones, no se hubieran dado si yo no me estuviera yendo. El irme no es un factor que arruina el hecho, sino la causa y motivo por el cual el hecho siquiera ocurre. Así que en vez de irme frustrada por no poder vivir eso que dejo, me voy en paz y contenta de que ésta experiencia me permitió abrir puertas, tanto en Bélgica como en Argentina. No sé si seguirán abiertas cuando vuelva, pero al menos di el primer paso. Las ganas de quedarme incríblemente sigue presentes, en cantidades mínimas, pero prefiero no concentrarme en ellas.
16:10. Ya estoy en el avón. Sip. Tuve intención de escribir antes pero no tuve tiempo físico.
Desayunamos en el hotel y a las 9:3 tuvimos la Reunión Pre-Partida en la Oficina Central de AFS. Llegamos tarde, por supuesto, (espero que si algo me queda de esta experiencia, sea la puntualidad belga), pero nos esperaron así que no nos perdimos de nada. Éramos seis estudiantes, cada uno acompañado de su respectiva familia. Durante la reunión recibimos indicaciones, papeles e instrucciones en materia logística principalmente pero también sobre el intercambio en sí. Mi familia salió finalmente tan encantada con AFS como yo lo estoy desde el momento en que conocí realmente a la ONG. Sacamos las fotos con el famoso mural-mapa de AFS, señalando nuestro destino y nos despedimos para irnos a Ezeiza. Salimos casi corriendo.
Agarramos algo bien rápido en Subway, hicimos el check out en el hotel, mi padrastro buscó el auto y salimos disparados, con tal de llegar con un lindo margen de tiempo al aeropuerto.
Nos volvimos a encontrar con los chicos en Ezeiza y con un voluntario de AFS, que nos guió durante el check in en el aeropuerto. Así que en la terminal C, despachamos las valijas que iban por bodega, y nos despedimos de nuestras familias. Realmente fue un momento intenso pero la consciencia de que te estás despidiendo por un año no se siente. Lo sabés pero no lo sentís. A mí me pareció como si me estuviera por ir a visitar familia en i ciudad natal como suelo hacer, por una semana o dos, aunque claramente eso no tenía nada que ver con lo que estaba pasando. Hice fuerza para no llorar y seguí con el resto de los chicos a pasar el resto de los trámites, seguridad, migraciones... todo hasta llegar a sentarnos a esperar simplemente el momento de subir. Nos cruzamos a unas chicas (Coni, Javiera y Silvia) de AFS Chile, que también van a Bélgica. Nos gritamos mutuamente "AFS?!" y nos juntamos (después de comprar comida y bebida) en la puerta de embarque. También encontramos a una chica con chaquetín de Rottary, sola y un poco bajoneada, así que nos acercamos y nos pusimos a hablar con ella. En un rato terminamos los cuatro que vamos a Bélgica Flamenca, la que va a República Checa, la que va a Bélgica Francesa, los seis de AFS Chile y la de Rottary, todos sentados en el piso en ronda, conociéndonos. No duró mucho porque ya teníamos que embarcar, pero fue re lindo ver cómo la situación particular que cada uno está viviendo nos une y acerca a la de otros. No voy a exagerar en plan "un mundo mejor es posible" (aunque creo firmemente que lo es, pero me suelen cargar por irme a "extremos optimistas" de vez en cuando), pero es real que en otras circunstancias difícilmente nos hubiéramos acercado a estas personas.
De todas formas, emprendimos el proceso de embarque y por supuesto filmamos todo. Yo intenté cancherearla en inglés para ver si después puedo armar un video modo internacional con la experiencia completa.
03:09. Como arranqué escribiendo con la hora argentina voy a seguir así, pero en realidad para nosotros son las 08:09, hora belga. Como no estoy ni en el pasillo ni en la ventanilla, no me resultó muy wow el asunto avión. Por lo general soy fan #1 del simple hecho de estar en el avión, pero éste en particular me cansó mucho. Son en total 13-14 horas, ahora nos falta 1 hora 26 minutos. Volví a mirar La La Land, leí las cartas que mis amigas me escribieron para que lea en el avión, jugué con el mapita interactivo, escribí, dormí menos de dos horas, salí a pasear para estirar las piernas y hablar con el resto de los intercambistas que conocía...  básicamente eso.
Yo soy de las que disfrutan absolutamente todo en este ambiente: despegue, aterrizaje, freeshop, más vuelos, incluso los trámites... pero honestamente, y estoy sorprendida de mí misma, lo único que quiero ahora es llegar a mi (nueva) casa e instalarme. Los bolsos y la posibilidad de perderlos me estresa sobremanera, solo quiero poder desarmarlos y quedarme tranquila en algún lugar, sin tener que trasladarme con cosas.
Por otro lado, punto de observación, creí que El Bajón emocional que estuve postergando iba a llegarme en el avión, estaba muy segura de ello, pero increíblemente no. Sigo en completa y absoluta calma. Es raro. Me siento rara. Hmm.
*hora desconocida* Teóricamente ésto ya no sigue contando como parte El Día, pero prácticamente lo hace, así que voy a proceder a continuar el relato. Una vez que llegamos a Ámsterdam, y a diferencia de lo que mis amigos de Argentina sugirieron reiteradas veces, no, no fumamos marihuana, nada más lejos de la realidad. No nos dimos mucho tiempo de explorar el Freeshop, en cambio, comimos algo bien rápido (no teníamos ni idea qué comida se suponía que teníamos que seguir, pero bueno, el jet lag era el que actuaba) y nos apuramos a hacer los correspondientes trámites, ésta vez sin guía. Salió todo bien y volvimos a esperar otra vez. Nos despedimos de Juli, la chica que se va a Rep. Checa y fuimos por distintos caminos, a tomar distintos vuelos. Embarcamos otra vez y volamos por lo que fue una hora y alguito, pero se sintió como medio segundo. Llegamos por fin a Bruselas y nos encontramos con voluntarios y estudiantes a montones. La parte Francesa y Flamenca se separaron y seguimos a los correspondientes guías. Yo estaba que saltaba literalmente por la emoción de simplemente todo. Sacamos fotos con un montón de banderas, de AFS y de los distintos grupos de países que iban llegando. Tailandia, Bolivia, Indonesia, Chile, Argentina... éramos más de 50 personas, segurísimo, sin contar a los voluntarios. Una señora (parte de AFS, por supuesto) nos ofreció galletitas y abrazos maternales. Nos dieron la bienvenida a Bélgica Flamenca y nos dispusimos a juntarnos con más grupos para llegar a los colectivos que nos llevarían a nuestro Campamento de Bienvenida.
La aventura recién empieza.

jueves, 27 de julio de 2017

Lo que dejamos cuando nos vamos

Siempre pensamos en lo que va a pasar cuando nos vayamos: todo lo que vamos a hacer, todo lo que vamos a vivir, toda la gente que vamos a conocer, todos los lugares que vamos a descubrir. En definitiva, pensamos en lo que nos va a pasar. Pero cuando nos vamos dejamos amigos, una escuela, familia, quizás un novio o novia, quizás mascotas, hobbies y quién sabe cuántos otros grupos, personas y proyectos. Todos estos factores que son elementales para nosotros, se quedan. Nosotros nos vamos.
Ya sabemos que este año nos va a cambiar la vida, sabemos que el que se va es uno y el que vuelve es otro, lo sabemos y es una de las razones que nos hicieron elegir vivir esta experiencia. Y tenemos que prepararnos para el cambio que no solo nos va a tocar a nosotros, sino a todo eso que se queda en nuestros países. Porque el tiempo no se va a detener en el momento que dejemos nuestra casa. El tiempo va a pasar, para nosotros y para lo que se queda. Nuestros amigos van a seguir saliendo, nuestros profesores van a seguir dando clase, nuestra familia se va a seguir juntando los domingos... todo va a seguir su curso natural de cambio, solo que nosotros no vamos a estar ahí para verlo. Puede que sean cambios sutiles e imperceptibles, o más notorios y definitivos. El cambio siempre es bueno, aunque a veces cueste o duela. Tenemos que ser conscientes de que va a ocurrir y de que cuando volvamos, por supuesto, nos va a sorprender ver que todo eso que creíamos conocer cambió tanto. Pero así vamos a tener la oportunidad de redescubrirlo: mirar con nuestros ojos también cambiados, el lugar que siempre llamamos "casa" u "hogar"; enterarnos y ponernos al día de todo eso que pasó mientras no estábamos; y por supuesto, volver a conocer a nuestra gente, abrirse paso entre todas esas nuevas características, hasta llegar a lo conocido, porque la esencia de una persona, eso que nos hace quererlas, no cambia nunca.
Nos vamos a perder muchas cosas: cumpleaños, Navidad, graduaciones, año nuevo, fiestas, juntadas, eventos, oportunidades... Sí. No está bueno, pero es el sacrificio con el que nos comprometemos para ganar mucho más de lo que perdemos. Preguntale a cualquier estudiante de intercambio: no perdés un año de tu vida, ganás una vida en un año.
Probablemente, antes de irte te pase que todo cae en su lugar. Que todo se acomoda y todo se te da justo cuando tenés que irte. Un panorama con todos tus factores cotidianos en orden y mejor que nunca para aprovecharlos, pero tenés que dejarlo justo ahora, que tan perfecto quedó. No es casual. Todo esto no pasa "justo" cuando te vas, pasa porque te vas. La gente sabe que no te va a ver en un año, vos mismo tomás consciencia de ese hecho. Hay que dar un cierre a las relaciones, y nadie, por lo general, quiere que ese cierre sea negativo. Por eso probablemente se dé un clima de paz y armonía en los grupos sociales de los que formás parte. Los que querés te van a extrañar, se dan cuenta de eso y tratan de aprovechar el tiempo lo más posible. De repente tenés juntadas a modo de despedida con gente que no veías hace muchísimo y estás ocupado hasta un lunes. Es raro, pero está muy bueno. Sin embargo es una eventualidad. Antes de que esta "tregua" llegara, tu vida no era color de rosas, siempre con pros y contras. Cuando te vas la tregua se termina, no es que sigue así indefinidamente. Por ende no vale la pena perder tiempo lamentándose el no poder quedarse para seguir viviéndola, más vale, disfrutarla mientras dure.
También puede pasar que la gente y vos se animan a hacer más de lo que harían normalmente porque no van a tener que lidiar con las consecuencias de sus actos físicamente, al menos por un año. Eso fue lo que me pasó a mí, al menos. Yo hasta hice una lista de cosas para hacer antes de irme, aprovechar esta chance de impunidad temporal. Ojo, no me malentiendan, no salí a asaltar bancos o a delinquir. Pero hice y dije cosas que hacía mucho quería hacer y para las cuales me hubiera faltado el valor si no me hubiera estado por ir tanto tiempo. Y estoy muy contenta de haberlo hecho, no me arrepiento de nada, solo de no haberlo hecho antes. Funciona también como prueba de la gran lección que es el tomar riesgos. En ésta circunstancia los tomamos desde un lugar pseudo seguro, con un pie en el avión, pero a la vez (si les gusta pensar en cantidades extremas, como a mí) somos capaces de darnos cuenta de que eran cosas pavas, que sí, daban miedo, pero las podríamos haber hecho hace mucho. Como siempre intento concentrarme en el lado positivo de la situación, por más que me de bronca haber abierto puertas que no puedo cruzar ahora, me quedo tranquila y espero que sigan abiertas cuando vuelva. Y así crecemos, o al menos yo sentí que crecí, con un agregado totalmente personal, pero que vino junto con la experiencia intercambio.
Y ésto se desprende de ese período que se da justo antes de dejar nuestro hábitat natural. Sabemos que lo vamos a extrañar, pero bueno, no es ninguna noticia. Ya sabíamos que ésto iba a pasar, pero ahora nos toca vivirlo, y aunque creamos que ya lo tenemos super asumido, la realidad es otra. Así que antes de irnos, días, semanas, meses incluso antes de subirnos al avión, tomémonos un momento para observar y apreciar cómo son las cosas ahora. Porque a la vuelta no van a ser las mismas.

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