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Sin duda la mejor parte de la experiencia. Yo soy la loca del auto descubrimiento y el crecimiento personal, y aunque esos dos vienen en se...

lunes, 30 de octubre de 2017

Campamento de Bienvenida

Después de un período tan lleno de la palabra "despedida", fue bueno cambiar a uno que con la misma frecuencia repetía otra: "bienvenida".
Y así me sentí realmente, cuando toqué suelo belga por primera vez. Me puse a hablar con todo el mundo, sin importar si mis English speaking skills no eran las mejores. Voluntario, estudiante... ninguno se salvó de mi charla constante y determinada.
Debe ser traído a colación que yo nunca fui una persona muy sociable en práctica, siempre me gustó estar en compañía de personas, pero hasta el momento preferí muchas veces mi preciada soledad. En algún lugar, muy profundo en mi ser, sabía que tenía un lado que amaba la sociabilidad, pero sea por mi contexto, mi personalidad o las situaciones a las que estaba acostumbrada, en Argentina nunca lo pude sacar a flote. Pero acá... el segundo en el que empecé a ver gente desconocida, fue como si esa parte de mí floreciera y tomara el control de mi persona, porque en serio, no quedó rastro de mi siempre presente timidez ante gente nueva. Me volví fanática número uno de conocer gente y hacer amigos. No tengo idea de cómo pasó, pero estoy más que contenta de que haya ocurrido. Me llevo bien con esta parte de mí misma.
El punto es que así, con esta recientemente descubierta hambre de socializar, me subí a uno de los muchos colectivos que AFS nos brindó para trasladarnos al lugar del campamento. En el camino me la pasé hablando con gente de todos lados, el ambiente en sí estaba colmado de ansias y emoción, todos gritábamos, nos conocíamos, poníamos música, íbamos de un asiento al otro... Todo era nuevo y nos llamaba la atención, mirábamos todo afuera de la ventanilla y nos asombrábamos hasta con los carteles de las rutas. Recuerdo particularmente gritar "OMG GUYS: BELGIAN TREES". Cuando llegamos... Dios. Literalmente Dios, porque era una casa de retiros espirituales, con capilla y todo. Pero parecía un castillo medieval. Impresionante. Quedé enamorada, los pasillos, el parque que lo rodeaba, el parquecito que tenía en el  medio, las habitaciones, los vitros, las ventanas... era una preciosura. El lugar en sí gritaba "Europa" y yo me lamentaba profundamente haberme quedado sin batería y no tener adaptador para los enchufes europeos. Sin embargo, las mejores fotos las sacamos con los ojos, así que me concentré en mirar todo muy bien y disfrutar cada segundo.
Entramos a un salón común, nos dieron comida y dejamos nuestros bolsos afuera. Nos dieron una breve charla para luego dejarnos libres para que nos instalemos en las habitaciones asignadas, nos duchemos y disfrutemos de tiempo libre hasta la primer reunión.
Me dirigí a mi pieza, sentía realmente que caminaba en un palacio, salvo por el traqueteo de las ruedas de mi valija, que rompía un poquito la atmósfera, pero igualmente, hasta subir mis extremadamente pesados bolsos TRES PISOS, resultó agradable. Cuando llegué vi que en las puertas había carteles con los nombres de la personas que dormían en cada habitación. Yo estaba con Buse y Egenur, dos chicas de Turquía. Me emocionó mucho este detalle porque Ege era una de las personas con las que había hablado por Whatsapp antes de venir. Un grupo enorme con muchísima gente había sido creado unas semanas antes de venir, con gente de todo el mundo y de todas las organizaciones: AFS, Rottary, YFU, WEP... Y de toda esa gente había hablado con un par, entre ellos Ege, con la que pegamos muchísima onda y teníamos muchísimo en común, literalmente recuerdo escribirle que ella era mi versión turca. Y resulta que ahora estaba en mi misma habitación e incluso en mi mismo chapter (sub organizaciones de AFS Flanders, grupos de estudiantes y voluntarios que viven en la misma zona geográfica; prácticamente con la gente que más contacto tenés, a los que más ves y con los que más actividades y eventos compartís). Así que bueno, dejé mis cosas, me bañé (porque después de 16 horas de puro viaje lo necesitaba definitivamente) y bajé para unirme al resto de la gente.
Eran al rededor de las 5:30 de la tarde, nunca me imaginé que iban a estar sirviendo la cena. O sea ¿¿¿¿???? Para Latinoamérica, la hora normal de cenar es entre las 20-22, por ende esto resultaba muy extraño. Sin embargo fui y me senté con completos desconocidos. No recuerdo exactamente con cuáles, pero sé que fue genial. Más tarde tuvimos una reunión general para darnos la bienvenida oficial e introducir las reglas del campamento, (las clásicas: respetar los horarios, no alcohol, no drogas) y las Reglas de Oro de AFS (no drogas, no hacer dedo, no manejar vehículos motorizados). Después tuvimos más tiempo libre, para bañarnos, seguir conociéndonos o dormir, porque todos estábamos hiper cansados.
Yo mandé un par de mensajes a mi familia (en Bélgica y en Argentina) desde las computadoras que había en el lugar, para dejarles saber que estaba viva y nunca mejor que en ese momento, interactué un rato más en el patio y al rededor de las 12-1 me fui a dormir. A dormir o más bien a conocer a mis compañeras de habitación. Nos saludamos como si nos conociéramos de toda la vida, y ya podía decir desde ese momento que una linda amistad se avecinaba. Hablamos hasta quedarnos dormidas y descansamos unas seis horas...
Que se sintieron como cinco minutos. El jet lag es real. Y agotador. Muy a duras penas nos preparamos y bajamos a desayunar, siempre sentándonos con gente nueva. Era pleno verano en Bélgica así que todos sudando y tomando agua constantemente. De todas formas, los voluntarios nos decían que era un clima muy extraño, que casi nunca hay tanto sol y que llegamos en la semana en la que realmente hace calor, porque el verano suele ser más como una primavera cálida.
Posteriormente nos dieron unos "pasajes" para una aerolínea ficticia, "AFS Airlines", que nos iba a llevar en un viaje, el viaje de nuestro intercambio. Cuando entramos al salón común, los voluntarios estaban vestidos como azafatas y la sala simulaba ser un avión. Cantamos el himno belga y nos dieron las instrucciones para el vuelo. Una vez que nos hicieron una presentación sobre el país, nos fuimos retirando del salón por chapters, para empezar con los workshops (talleres, actividades).
Mi chapter es ZAN (Zuid Antwerpen, la zona del sur de Antwerpen/Antwerp/Amberes, ciudad muy importante, capital de los diamantes y llena genialidades de las que ya voy a hablar en profundidad) y es uno de los más grandes. Somos 16 estudiantes, de Italia, Indonesia, México, Tailandia, Eslovaquia, Turquía, Honduras, China, República Dominicana, Finlandia, Argentina y Bélgica Francesa. Es bien variado y tenemos voluntarios muy buena onda, uno de ellos se fue de intercambio a Argentina, así que es bueno poder hablar un poco nuestra versión del Español y entendernos. La primera vez que nos juntamos como chapter, tuvimos que presentarnos, decir nuestros nombres, países y algo sobre nosotros. El primero fue Fadhil, uno de los indonesios, y dijo "Hi everyone, my name's Fadhil, I come from Indonesia, I am 17 years old and I am single". Y así arrancamos, imagínense. Mucha buena onda en el grupo, con los que primero pegué onda, por supuesto, fue con los tres latinos, pero en un rato ya estábamos todos en sintonía.
Aprendimos un baile típico de Flanders, que se baila en un grupo grande de parejas y es extremadamente agotador, tuvimos una fiesta con temática casino en el sótano del complejo (que era increíblemente grande, limpio y tenía hasta un bar) y básicamente el campamento se nos fue entre juegos, workshops, charlas, preparación, expectativas y metas.
Si bien terminé destruida por el cansancio y todo lo que quería era dormir, me fui contenta de haber conocido y empezado relaciones con tanta buena gente. Me fui todavía con energía, sin embargo, porque todavía me faltaba lo más importante: conocer a mi familia.

El Día

Y sí. En algún momento iba a llegar, EL día. El tiempo, sea una ilusión, una recta lineal o una percepción humana, pasa indiferentemente a nuestro parecer. Y la fecha se hizo cada vez más cercana, y ahora está acá: Jueves 24 de Agosto, 2017. Con mi familia salimos el miércoles a la mañana para pasar un día en Buenos Aires, ya que no conocíamos la ciudad, y ellos se vuelven hoy, después de despedirme.
Ahora mismo son las 00:38, estoy en la bañera del hotel en el que pasamos la noche, inmersa en un baño desde hace por lo menos una hora, escuchando música y pensando mucho (demasiado). Por eso agarro el celular ahora, después de carburar duramente, llegué a un par de pensamientos y conclusiones que me gustaría dejar por sentado.

Cómo nos cuesta confiar en lo que nos es superior. Sé que suena flashero, pero tiene su lógica y relación con el tema.
Estas últimas semanas fueron bastante intensas. Mucho decir "chau", muchas situaciones definitivas y mucho darme cuenta. Tuve mis reuniones a modo despedida con unos cuantos grupos de amigos, viajé a saludar a distintas partes de la familia, me hicieron una despedida sorpresa, me hicieron regalos, me dieron muchas cartas... Claramente se estaban dando circunstancias fuera de lo común, y si bien agradecí y agradezco de todo corazón todo ésto que acabo de mencionar, no dejé de actuar como si todo siguiera su curso de siempre. No me permití perder la calma y pensar mucho en todo lo que dejo, porque me conozco a mí misma y a mi hipersensibilidad escondida, sé que si ya me agarraba el bajonazo emocional antes de irme... me iba a costar salir de él, y yo quería disfrutar el último tiempo en mi cotidianidad. Así que fui, no reprimiendo, para nada, pero postergando abiertamente mis emociones encontradas al dejar mi vida como siempre la conocí.
Una de las cosas más normales que uno piensa en esta situación es que si bien se deja lo lindo, también se deja lo feo. Entonces te concentrás en todo eso de lo que te vas a librar: una persona que no te bancás, una materia del colegio que te hace la vida imposible, una rutina que no te gusta... lo que se aplique a cada caso. Bueno, yo no sé si soy yo la salada o también le pasa a otra gente, pero dos semanas antes de irme, un 90% de eso que me estorbaba se acomodó. En diversos y amplios aspectos, mis conflictitos se fueron arreglando, dejándome un panorama casi idílico, un panorama que no me deja otra opción más que dejarlo, lamentablemente. De todas formas, y por más que me dé bronca, me di cuenta de que todas esas situaciones, no se hubieran dado si yo no me estuviera yendo. El irme no es un factor que arruina el hecho, sino la causa y motivo por el cual el hecho siquiera ocurre. Así que en vez de irme frustrada por no poder vivir eso que dejo, me voy en paz y contenta de que ésta experiencia me permitió abrir puertas, tanto en Bélgica como en Argentina. No sé si seguirán abiertas cuando vuelva, pero al menos di el primer paso. Las ganas de quedarme incríblemente sigue presentes, en cantidades mínimas, pero prefiero no concentrarme en ellas.
16:10. Ya estoy en el avón. Sip. Tuve intención de escribir antes pero no tuve tiempo físico.
Desayunamos en el hotel y a las 9:3 tuvimos la Reunión Pre-Partida en la Oficina Central de AFS. Llegamos tarde, por supuesto, (espero que si algo me queda de esta experiencia, sea la puntualidad belga), pero nos esperaron así que no nos perdimos de nada. Éramos seis estudiantes, cada uno acompañado de su respectiva familia. Durante la reunión recibimos indicaciones, papeles e instrucciones en materia logística principalmente pero también sobre el intercambio en sí. Mi familia salió finalmente tan encantada con AFS como yo lo estoy desde el momento en que conocí realmente a la ONG. Sacamos las fotos con el famoso mural-mapa de AFS, señalando nuestro destino y nos despedimos para irnos a Ezeiza. Salimos casi corriendo.
Agarramos algo bien rápido en Subway, hicimos el check out en el hotel, mi padrastro buscó el auto y salimos disparados, con tal de llegar con un lindo margen de tiempo al aeropuerto.
Nos volvimos a encontrar con los chicos en Ezeiza y con un voluntario de AFS, que nos guió durante el check in en el aeropuerto. Así que en la terminal C, despachamos las valijas que iban por bodega, y nos despedimos de nuestras familias. Realmente fue un momento intenso pero la consciencia de que te estás despidiendo por un año no se siente. Lo sabés pero no lo sentís. A mí me pareció como si me estuviera por ir a visitar familia en i ciudad natal como suelo hacer, por una semana o dos, aunque claramente eso no tenía nada que ver con lo que estaba pasando. Hice fuerza para no llorar y seguí con el resto de los chicos a pasar el resto de los trámites, seguridad, migraciones... todo hasta llegar a sentarnos a esperar simplemente el momento de subir. Nos cruzamos a unas chicas (Coni, Javiera y Silvia) de AFS Chile, que también van a Bélgica. Nos gritamos mutuamente "AFS?!" y nos juntamos (después de comprar comida y bebida) en la puerta de embarque. También encontramos a una chica con chaquetín de Rottary, sola y un poco bajoneada, así que nos acercamos y nos pusimos a hablar con ella. En un rato terminamos los cuatro que vamos a Bélgica Flamenca, la que va a República Checa, la que va a Bélgica Francesa, los seis de AFS Chile y la de Rottary, todos sentados en el piso en ronda, conociéndonos. No duró mucho porque ya teníamos que embarcar, pero fue re lindo ver cómo la situación particular que cada uno está viviendo nos une y acerca a la de otros. No voy a exagerar en plan "un mundo mejor es posible" (aunque creo firmemente que lo es, pero me suelen cargar por irme a "extremos optimistas" de vez en cuando), pero es real que en otras circunstancias difícilmente nos hubiéramos acercado a estas personas.
De todas formas, emprendimos el proceso de embarque y por supuesto filmamos todo. Yo intenté cancherearla en inglés para ver si después puedo armar un video modo internacional con la experiencia completa.
03:09. Como arranqué escribiendo con la hora argentina voy a seguir así, pero en realidad para nosotros son las 08:09, hora belga. Como no estoy ni en el pasillo ni en la ventanilla, no me resultó muy wow el asunto avión. Por lo general soy fan #1 del simple hecho de estar en el avión, pero éste en particular me cansó mucho. Son en total 13-14 horas, ahora nos falta 1 hora 26 minutos. Volví a mirar La La Land, leí las cartas que mis amigas me escribieron para que lea en el avión, jugué con el mapita interactivo, escribí, dormí menos de dos horas, salí a pasear para estirar las piernas y hablar con el resto de los intercambistas que conocía...  básicamente eso.
Yo soy de las que disfrutan absolutamente todo en este ambiente: despegue, aterrizaje, freeshop, más vuelos, incluso los trámites... pero honestamente, y estoy sorprendida de mí misma, lo único que quiero ahora es llegar a mi (nueva) casa e instalarme. Los bolsos y la posibilidad de perderlos me estresa sobremanera, solo quiero poder desarmarlos y quedarme tranquila en algún lugar, sin tener que trasladarme con cosas.
Por otro lado, punto de observación, creí que El Bajón emocional que estuve postergando iba a llegarme en el avión, estaba muy segura de ello, pero increíblemente no. Sigo en completa y absoluta calma. Es raro. Me siento rara. Hmm.
*hora desconocida* Teóricamente ésto ya no sigue contando como parte El Día, pero prácticamente lo hace, así que voy a proceder a continuar el relato. Una vez que llegamos a Ámsterdam, y a diferencia de lo que mis amigos de Argentina sugirieron reiteradas veces, no, no fumamos marihuana, nada más lejos de la realidad. No nos dimos mucho tiempo de explorar el Freeshop, en cambio, comimos algo bien rápido (no teníamos ni idea qué comida se suponía que teníamos que seguir, pero bueno, el jet lag era el que actuaba) y nos apuramos a hacer los correspondientes trámites, ésta vez sin guía. Salió todo bien y volvimos a esperar otra vez. Nos despedimos de Juli, la chica que se va a Rep. Checa y fuimos por distintos caminos, a tomar distintos vuelos. Embarcamos otra vez y volamos por lo que fue una hora y alguito, pero se sintió como medio segundo. Llegamos por fin a Bruselas y nos encontramos con voluntarios y estudiantes a montones. La parte Francesa y Flamenca se separaron y seguimos a los correspondientes guías. Yo estaba que saltaba literalmente por la emoción de simplemente todo. Sacamos fotos con un montón de banderas, de AFS y de los distintos grupos de países que iban llegando. Tailandia, Bolivia, Indonesia, Chile, Argentina... éramos más de 50 personas, segurísimo, sin contar a los voluntarios. Una señora (parte de AFS, por supuesto) nos ofreció galletitas y abrazos maternales. Nos dieron la bienvenida a Bélgica Flamenca y nos dispusimos a juntarnos con más grupos para llegar a los colectivos que nos llevarían a nuestro Campamento de Bienvenida.
La aventura recién empieza.

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