Después de un período tan lleno de la palabra "despedida", fue bueno cambiar a uno que con la misma frecuencia repetía otra: "bienvenida".
Y así me sentí realmente, cuando toqué suelo belga por primera vez. Me puse a hablar con todo el mundo, sin importar si mis English speaking skills no eran las mejores. Voluntario, estudiante... ninguno se salvó de mi charla constante y determinada.
Debe ser traído a colación que yo nunca fui una persona muy sociable en práctica, siempre me gustó estar en compañía de personas, pero hasta el momento preferí muchas veces mi preciada soledad. En algún lugar, muy profundo en mi ser, sabía que tenía un lado que amaba la sociabilidad, pero sea por mi contexto, mi personalidad o las situaciones a las que estaba acostumbrada, en Argentina nunca lo pude sacar a flote. Pero acá... el segundo en el que empecé a ver gente desconocida, fue como si esa parte de mí floreciera y tomara el control de mi persona, porque en serio, no quedó rastro de mi siempre presente timidez ante gente nueva. Me volví fanática número uno de conocer gente y hacer amigos. No tengo idea de cómo pasó, pero estoy más que contenta de que haya ocurrido. Me llevo bien con esta parte de mí misma.
El punto es que así, con esta recientemente descubierta hambre de socializar, me subí a uno de los muchos colectivos que AFS nos brindó para trasladarnos al lugar del campamento. En el camino me la pasé hablando con gente de todos lados, el ambiente en sí estaba colmado de ansias y emoción, todos gritábamos, nos conocíamos, poníamos música, íbamos de un asiento al otro... Todo era nuevo y nos llamaba la atención, mirábamos todo afuera de la ventanilla y nos asombrábamos hasta con los carteles de las rutas. Recuerdo particularmente gritar "OMG GUYS: BELGIAN TREES". Cuando llegamos... Dios. Literalmente Dios, porque era una casa de retiros espirituales, con capilla y todo. Pero parecía un castillo medieval. Impresionante. Quedé enamorada, los pasillos, el parque que lo rodeaba, el parquecito que tenía en el medio, las habitaciones, los vitros, las ventanas... era una preciosura. El lugar en sí gritaba "Europa" y yo me lamentaba profundamente haberme quedado sin batería y no tener adaptador para los enchufes europeos. Sin embargo, las mejores fotos las sacamos con los ojos, así que me concentré en mirar todo muy bien y disfrutar cada segundo.
Entramos a un salón común, nos dieron comida y dejamos nuestros bolsos afuera. Nos dieron una breve charla para luego dejarnos libres para que nos instalemos en las habitaciones asignadas, nos duchemos y disfrutemos de tiempo libre hasta la primer reunión.
Me dirigí a mi pieza, sentía realmente que caminaba en un palacio, salvo por el traqueteo de las ruedas de mi valija, que rompía un poquito la atmósfera, pero igualmente, hasta subir mis extremadamente pesados bolsos TRES PISOS, resultó agradable. Cuando llegué vi que en las puertas había carteles con los nombres de la personas que dormían en cada habitación. Yo estaba con Buse y Egenur, dos chicas de Turquía. Me emocionó mucho este detalle porque Ege era una de las personas con las que había hablado por Whatsapp antes de venir. Un grupo enorme con muchísima gente había sido creado unas semanas antes de venir, con gente de todo el mundo y de todas las organizaciones: AFS, Rottary, YFU, WEP... Y de toda esa gente había hablado con un par, entre ellos Ege, con la que pegamos muchísima onda y teníamos muchísimo en común, literalmente recuerdo escribirle que ella era mi versión turca. Y resulta que ahora estaba en mi misma habitación e incluso en mi mismo chapter (sub organizaciones de AFS Flanders, grupos de estudiantes y voluntarios que viven en la misma zona geográfica; prácticamente con la gente que más contacto tenés, a los que más ves y con los que más actividades y eventos compartís). Así que bueno, dejé mis cosas, me bañé (porque después de 16 horas de puro viaje lo necesitaba definitivamente) y bajé para unirme al resto de la gente.
Eran al rededor de las 5:30 de la tarde, nunca me imaginé que iban a estar sirviendo la cena. O sea ¿¿¿¿???? Para Latinoamérica, la hora normal de cenar es entre las 20-22, por ende esto resultaba muy extraño. Sin embargo fui y me senté con completos desconocidos. No recuerdo exactamente con cuáles, pero sé que fue genial. Más tarde tuvimos una reunión general para darnos la bienvenida oficial e introducir las reglas del campamento, (las clásicas: respetar los horarios, no alcohol, no drogas) y las Reglas de Oro de AFS (no drogas, no hacer dedo, no manejar vehículos motorizados). Después tuvimos más tiempo libre, para bañarnos, seguir conociéndonos o dormir, porque todos estábamos hiper cansados.
Yo mandé un par de mensajes a mi familia (en Bélgica y en Argentina) desde las computadoras que había en el lugar, para dejarles saber que estaba viva y nunca mejor que en ese momento, interactué un rato más en el patio y al rededor de las 12-1 me fui a dormir. A dormir o más bien a conocer a mis compañeras de habitación. Nos saludamos como si nos conociéramos de toda la vida, y ya podía decir desde ese momento que una linda amistad se avecinaba. Hablamos hasta quedarnos dormidas y descansamos unas seis horas...
Que se sintieron como cinco minutos. El jet lag es real. Y agotador. Muy a duras penas nos preparamos y bajamos a desayunar, siempre sentándonos con gente nueva. Era pleno verano en Bélgica así que todos sudando y tomando agua constantemente. De todas formas, los voluntarios nos decían que era un clima muy extraño, que casi nunca hay tanto sol y que llegamos en la semana en la que realmente hace calor, porque el verano suele ser más como una primavera cálida.
Posteriormente nos dieron unos "pasajes" para una aerolínea ficticia, "AFS Airlines", que nos iba a llevar en un viaje, el viaje de nuestro intercambio. Cuando entramos al salón común, los voluntarios estaban vestidos como azafatas y la sala simulaba ser un avión. Cantamos el himno belga y nos dieron las instrucciones para el vuelo. Una vez que nos hicieron una presentación sobre el país, nos fuimos retirando del salón por chapters, para empezar con los workshops (talleres, actividades).
Mi chapter es ZAN (Zuid Antwerpen, la zona del sur de Antwerpen/Antwerp/Amberes, ciudad muy importante, capital de los diamantes y llena genialidades de las que ya voy a hablar en profundidad) y es uno de los más grandes. Somos 16 estudiantes, de Italia, Indonesia, México, Tailandia, Eslovaquia, Turquía, Honduras, China, República Dominicana, Finlandia, Argentina y Bélgica Francesa. Es bien variado y tenemos voluntarios muy buena onda, uno de ellos se fue de intercambio a Argentina, así que es bueno poder hablar un poco nuestra versión del Español y entendernos. La primera vez que nos juntamos como chapter, tuvimos que presentarnos, decir nuestros nombres, países y algo sobre nosotros. El primero fue Fadhil, uno de los indonesios, y dijo "Hi everyone, my name's Fadhil, I come from Indonesia, I am 17 years old and I am single". Y así arrancamos, imagínense. Mucha buena onda en el grupo, con los que primero pegué onda, por supuesto, fue con los tres latinos, pero en un rato ya estábamos todos en sintonía.
Aprendimos un baile típico de Flanders, que se baila en un grupo grande de parejas y es extremadamente agotador, tuvimos una fiesta con temática casino en el sótano del complejo (que era increíblemente grande, limpio y tenía hasta un bar) y básicamente el campamento se nos fue entre juegos, workshops, charlas, preparación, expectativas y metas.
Si bien terminé destruida por el cansancio y todo lo que quería era dormir, me fui contenta de haber conocido y empezado relaciones con tanta buena gente. Me fui todavía con energía, sin embargo, porque todavía me faltaba lo más importante: conocer a mi familia.
Y así me sentí realmente, cuando toqué suelo belga por primera vez. Me puse a hablar con todo el mundo, sin importar si mis English speaking skills no eran las mejores. Voluntario, estudiante... ninguno se salvó de mi charla constante y determinada.
Debe ser traído a colación que yo nunca fui una persona muy sociable en práctica, siempre me gustó estar en compañía de personas, pero hasta el momento preferí muchas veces mi preciada soledad. En algún lugar, muy profundo en mi ser, sabía que tenía un lado que amaba la sociabilidad, pero sea por mi contexto, mi personalidad o las situaciones a las que estaba acostumbrada, en Argentina nunca lo pude sacar a flote. Pero acá... el segundo en el que empecé a ver gente desconocida, fue como si esa parte de mí floreciera y tomara el control de mi persona, porque en serio, no quedó rastro de mi siempre presente timidez ante gente nueva. Me volví fanática número uno de conocer gente y hacer amigos. No tengo idea de cómo pasó, pero estoy más que contenta de que haya ocurrido. Me llevo bien con esta parte de mí misma.
El punto es que así, con esta recientemente descubierta hambre de socializar, me subí a uno de los muchos colectivos que AFS nos brindó para trasladarnos al lugar del campamento. En el camino me la pasé hablando con gente de todos lados, el ambiente en sí estaba colmado de ansias y emoción, todos gritábamos, nos conocíamos, poníamos música, íbamos de un asiento al otro... Todo era nuevo y nos llamaba la atención, mirábamos todo afuera de la ventanilla y nos asombrábamos hasta con los carteles de las rutas. Recuerdo particularmente gritar "OMG GUYS: BELGIAN TREES". Cuando llegamos... Dios. Literalmente Dios, porque era una casa de retiros espirituales, con capilla y todo. Pero parecía un castillo medieval. Impresionante. Quedé enamorada, los pasillos, el parque que lo rodeaba, el parquecito que tenía en el medio, las habitaciones, los vitros, las ventanas... era una preciosura. El lugar en sí gritaba "Europa" y yo me lamentaba profundamente haberme quedado sin batería y no tener adaptador para los enchufes europeos. Sin embargo, las mejores fotos las sacamos con los ojos, así que me concentré en mirar todo muy bien y disfrutar cada segundo.
Entramos a un salón común, nos dieron comida y dejamos nuestros bolsos afuera. Nos dieron una breve charla para luego dejarnos libres para que nos instalemos en las habitaciones asignadas, nos duchemos y disfrutemos de tiempo libre hasta la primer reunión.
Me dirigí a mi pieza, sentía realmente que caminaba en un palacio, salvo por el traqueteo de las ruedas de mi valija, que rompía un poquito la atmósfera, pero igualmente, hasta subir mis extremadamente pesados bolsos TRES PISOS, resultó agradable. Cuando llegué vi que en las puertas había carteles con los nombres de la personas que dormían en cada habitación. Yo estaba con Buse y Egenur, dos chicas de Turquía. Me emocionó mucho este detalle porque Ege era una de las personas con las que había hablado por Whatsapp antes de venir. Un grupo enorme con muchísima gente había sido creado unas semanas antes de venir, con gente de todo el mundo y de todas las organizaciones: AFS, Rottary, YFU, WEP... Y de toda esa gente había hablado con un par, entre ellos Ege, con la que pegamos muchísima onda y teníamos muchísimo en común, literalmente recuerdo escribirle que ella era mi versión turca. Y resulta que ahora estaba en mi misma habitación e incluso en mi mismo chapter (sub organizaciones de AFS Flanders, grupos de estudiantes y voluntarios que viven en la misma zona geográfica; prácticamente con la gente que más contacto tenés, a los que más ves y con los que más actividades y eventos compartís). Así que bueno, dejé mis cosas, me bañé (porque después de 16 horas de puro viaje lo necesitaba definitivamente) y bajé para unirme al resto de la gente.
Eran al rededor de las 5:30 de la tarde, nunca me imaginé que iban a estar sirviendo la cena. O sea ¿¿¿¿???? Para Latinoamérica, la hora normal de cenar es entre las 20-22, por ende esto resultaba muy extraño. Sin embargo fui y me senté con completos desconocidos. No recuerdo exactamente con cuáles, pero sé que fue genial. Más tarde tuvimos una reunión general para darnos la bienvenida oficial e introducir las reglas del campamento, (las clásicas: respetar los horarios, no alcohol, no drogas) y las Reglas de Oro de AFS (no drogas, no hacer dedo, no manejar vehículos motorizados). Después tuvimos más tiempo libre, para bañarnos, seguir conociéndonos o dormir, porque todos estábamos hiper cansados.
Yo mandé un par de mensajes a mi familia (en Bélgica y en Argentina) desde las computadoras que había en el lugar, para dejarles saber que estaba viva y nunca mejor que en ese momento, interactué un rato más en el patio y al rededor de las 12-1 me fui a dormir. A dormir o más bien a conocer a mis compañeras de habitación. Nos saludamos como si nos conociéramos de toda la vida, y ya podía decir desde ese momento que una linda amistad se avecinaba. Hablamos hasta quedarnos dormidas y descansamos unas seis horas...
Que se sintieron como cinco minutos. El jet lag es real. Y agotador. Muy a duras penas nos preparamos y bajamos a desayunar, siempre sentándonos con gente nueva. Era pleno verano en Bélgica así que todos sudando y tomando agua constantemente. De todas formas, los voluntarios nos decían que era un clima muy extraño, que casi nunca hay tanto sol y que llegamos en la semana en la que realmente hace calor, porque el verano suele ser más como una primavera cálida.
Posteriormente nos dieron unos "pasajes" para una aerolínea ficticia, "AFS Airlines", que nos iba a llevar en un viaje, el viaje de nuestro intercambio. Cuando entramos al salón común, los voluntarios estaban vestidos como azafatas y la sala simulaba ser un avión. Cantamos el himno belga y nos dieron las instrucciones para el vuelo. Una vez que nos hicieron una presentación sobre el país, nos fuimos retirando del salón por chapters, para empezar con los workshops (talleres, actividades).
Mi chapter es ZAN (Zuid Antwerpen, la zona del sur de Antwerpen/Antwerp/Amberes, ciudad muy importante, capital de los diamantes y llena genialidades de las que ya voy a hablar en profundidad) y es uno de los más grandes. Somos 16 estudiantes, de Italia, Indonesia, México, Tailandia, Eslovaquia, Turquía, Honduras, China, República Dominicana, Finlandia, Argentina y Bélgica Francesa. Es bien variado y tenemos voluntarios muy buena onda, uno de ellos se fue de intercambio a Argentina, así que es bueno poder hablar un poco nuestra versión del Español y entendernos. La primera vez que nos juntamos como chapter, tuvimos que presentarnos, decir nuestros nombres, países y algo sobre nosotros. El primero fue Fadhil, uno de los indonesios, y dijo "Hi everyone, my name's Fadhil, I come from Indonesia, I am 17 years old and I am single". Y así arrancamos, imagínense. Mucha buena onda en el grupo, con los que primero pegué onda, por supuesto, fue con los tres latinos, pero en un rato ya estábamos todos en sintonía.
Aprendimos un baile típico de Flanders, que se baila en un grupo grande de parejas y es extremadamente agotador, tuvimos una fiesta con temática casino en el sótano del complejo (que era increíblemente grande, limpio y tenía hasta un bar) y básicamente el campamento se nos fue entre juegos, workshops, charlas, preparación, expectativas y metas.
Si bien terminé destruida por el cansancio y todo lo que quería era dormir, me fui contenta de haber conocido y empezado relaciones con tanta buena gente. Me fui todavía con energía, sin embargo, porque todavía me faltaba lo más importante: conocer a mi familia.