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Sin duda la mejor parte de la experiencia. Yo soy la loca del auto descubrimiento y el crecimiento personal, y aunque esos dos vienen en se...

martes, 27 de febrero de 2018

La Familia (primer edición)

Según la sociología, la familia es el primer grupo social con el que la persona entra en contacto, del que aprende y depende. Su supervivencia, bienestar, formación y personalidad está en las manos de esa familia. Parece bastante importante el rol que cumple, no?

Cuando te vas de intercambio te dicen muchas cosas, entre ellas: "irse de intercambio, es como volver a nacer". Ambigua, como toda frase que pretende resumir un concepto amplio, se la puede interpretar como el renacer personal al que se llega por la intensidad de la experiencia, o a lo concreto del proceso. Te encontrás con un idioma nuevo, por ende tenés que aprender a hablar. En algunos casos la forma de moverse en la comunidad es distinta, por ende tenés que aprender a "caminar", (yo literalmente tuve que adaptarme a un país en el cual una bicicleta es tan fundamental como un par de piernas). Te encontrás con muchísimos elementos y funciones básicas de la vida cotidiana, que tenés que re-aprender. Y quién te ayuda ahí? Porque solo es un poquito complicado...

La familia es un factor esencial en el intercambio. De ella depende muchísimo. Por eso es importante siempre dar lo mejor de uno para que esa relación funcione. En los talleres previos, te enseñan que lo más importante es la comunicación con la familia, lo repiten infinitas veces, "comunicación" se convierte en una palabra gastadísima... Y ahora puedo corroborar la verdad y precisión en el asunto.

Al ser de dos culturas diferentes y estar acostumbrados a distintos conceptos de la palabra "normal", las confusiones son inevitables. Poder hablar sobre ellas con libertad, claridad y honestidad con las personas con las que convivís es más que importante. Amigos me han contado sobre problemas que tenían con sus familias anfitrionas y yo los escuchaba... y para mí era como si tuviesen un cartel de neón en la frente que gritaba "falla en la comunicación". Así que agradezco a todos esos voluntarios que tanto insistieron en ese punto y que me ahorraron unos cuantos conflictos. Sin embargo siempre existe la opción de cambiar de familia, y si las cosas simplemente no funcionan con una, se tiene que buscar otra, porque de eso depende una gran parte de la experiencia.

Por suerte a mí me tocó una familia genial. Por supuesto teníamos nuestras diferencias. Yo estaba acostumbrada al estilo de vida de hija única, tener mucha independencia y libertad en mi forma de manejarme, y caí en una familia con tres hijos en la universidad, donde yo era la más chica y sumado a mi condición de hija de acogida, naturalmente iban a cambiar un par de aspectos. Pero con diferencias, algún que otro malentendido (es imposible que no los haya, pero si se aprende de ellos, terminan siendo para bien) y todo, encajamos de una forma fantástica. Como dirían en inglés, un "match made in heaven".

Compartimos el amor por los libros, la cultura, el saber, la curiosidad y el café. Mis papás me llevan a recorrer ciudades , me cuentan muchísimo sobre historia, arte y arquitectura, visitamos museos juntos, viajamos juntos, conocemos iglesias juntos... Incluso si una semana no hacemos ninguna de nuestras "excursiones culturales", hasta quedarnos leyendo juntos o viendo una película en casa se siente enriquecedor. Una de mis anécdotas favoritas es sobre una tarde, que estábamos cenando solo mi papá, mi mamá y yo. Se me había ocurrido preguntar por la traducción y el uso de una expresión en holandés, y se compenetraron tanto en la discusión etimológica que pararon la cena y trajeron al menos tres diccionarios gigantescos a la mesa para consultar y llegar al significado original. Muchas veces pasa que por este tipo de cuestiones terminamos reflexionando con libros en griego o latín en la mano. Me fas-ci-na cuando pasa esto.

Y con mis hermanos también desarrollé una relación preciosa. Siempre quise tener hermanos mayores, y de repente tengo tres. Podemos hablar de muchísimas cosas y ellos me muestran la cultura belga desde otro punto de vista, no la historia, sino la actualidad. Los tres están en el movimiento de los scouts, siempre me llevan con ellos, me presentan a sus amigos y me tienen en cuenta. Mi hermana sabe tocar el piano y cada vez que la veo que se acerca a su silloncito , ya sabemos las dos que en menos de 3,7 segundo yo voy a llegar volando a sentarme en el sillón al lado del piano. Ella practica y yo apoyo la cabeza y me semiduermo, especialmente cuando toca la sonata Nº 14 de Beethoven, "Moonlight" (mi favorita). Con ella tenemos el vínculo de hermanas que las dos siempre quisimos tener. Miramos series juntas, tenemos conversaciones cósmicas, me presta ropa, me cubre cuando me mando alguna que otra... La amo muchísimo. Y mis dos hermanos varones son simplemente geniales. Son las personas más espontáneas que creo conocer. Tienen detalles tan particulares a los que me acostumbré demasiado y que sé que voy a extrañar muchísimo. Por ejemplo el chasquido de los dedos de uno, que hace inconscientemente cuando baja la escalera, o entrar a la cocina y que el otro esté en el piso haciendo flexiones. Realmente los quiero muchísimo a los tres.

Mi familia me regala cada día un pedacito de su cultura y de ellos como familia y como personas, al aceptarme en su hogar, como una más de ellos. Que no compartamos la misma sangre pierde toda importancia cuando el vínculo que formamos tiene más valor que una prueba de ADN.

A la mitad de mi intercambio me toca cambiar de familia, no por decisión propia ni por tener algún problema con la actual, sino porque me asignaron un tipo de estadía con familia múltiple. Es triste poder compartir solo la mitad de mi intercambio con esta primer familia, porque ya se ganaron un lugar entre las personas que son especiales para mí, pero entiendo que así tengo la oportunidad de conocer y disfrutar a dos familias geniales :) 

Perspectiva

A veces todo lo que necesitamos es un poco de ella. Perspectiva.

Alejarse de algo para verlo mejor. Qué loco, no? Que empecemos a apreciar más lo que ya no tenemos a nuestro alcance.

El permanecer mucho tiempo quieto nos permite ver las cosas desde un solo punto de vista, nos limita. Por eso necesitamos cambiar, movernos, alejarnos. Porque esa distancia nos hace bien, nos hace crecer. Se cambia de opinión al ver que lo que se tenía por verdad absoluta termina dependiendo de por dónde se lo mire. Y eso es lo más maravilloso que alguna vez nos puede pasar: darnos cuenta de lo efímero de la realidad. Así nuestra forma de pensar, interpretar, ver, y por ende actuar, evoluciona.

Sonará muy amplio, cósmico y profundo; pero a mí me tocó vivirlo a través de mi intercambio. La realidad en la que viví durante más de dieciséis años dio un giro de 180º cuando la dejé. Miré mi vida con otros ojos, desde otro punto de vista... y la vi distinta. Vi que siempre me quejé de cosas que podía cambiar, vi que estoy rodeada de gente increíble, vi la magnitud de muchos sucesos a los que nunca di mucha importancia, y entendí mucho más sobre mí misma, sobre por qué soy de la forma que soy.

Sin embargo aprendí (y sigo aprendiendo) sobre perspectiva en más de un aspecto. Sirve para todo, en la vida. Personalmente, lo experimenté como una evaluación de la propia realidad, pero también en el espectro cultural. Lo que estoy viviendo ahora es justamente, un intercambio cultural. Era inevitable que llegue eventual, consciente o inconscientemente, a este aprendizaje. Comenzamos a entender otra cultura cuando entramos en contacto con ella. Después de un par de meses completamente inmersa en la cultura belga, realmente voy empezando a comprender distintos aspectos de ella, me resultan hasta lógicos. Y no obstante también lo veo con ojos de argentina, y veo el contraste, por supuesto. La diferencia es que ahora lo veo sin prejuicios, o al menos hago el esfuerzo para que así sea. Es terriblemente enriquecedor.

La perspectiva también te ayuda a entender otras culturas sin necesariamente vivirlas. Si bien esa siempre va a ser la forma más efectiva, de una simple charla se aprende mucho. Uno de mis más claros ejemplos fue con la cultura turca. El clásico estereotipo que yo también tenía sin saberlo, era el de los turcos siendo extremadamente serios e introvertidos, cerrados al resto. La sorpresa que me llevé cuando conocí al grupo de 26 estudiantes turcos de intercambio en Flanders. Lo que yo había imaginado inconscientemente no tenía nada que ver con la realidad. Personas totalmente simpáticas, divertidas, amantes de la fiesta, fáciles de conectar con, que se volvían locos con la música latina. En el primer campamento que tuvimos con todos los estudiantes de AFS de Bélgica Flamenca, me tocó en la habitación con dos chicas de Turquía. Hoy son dos de mis mejores amigas en el mundo. Y aproximadamente el 20% de mis amigos de intercambio son turcos. Ésto, creo yo que es a lo que se le llama Efecto AFS. Un claro estereotipo. Y una clara ruptura del mismo.

A través de estas pequeñas y diversas tomas de perspectivas a nivel cultural se me fueron desdibujando las fronteras y empiezo a mirar al mundo como una gran, variada e inmensamente rica cultura única.

Y al mismo tiempo ésto no se queda ahí, tomar perspectiva no sirve solo cuando te vas un año a vivir a otro país y conocés gente de todo el mundo. Lo tomo como una herramienta y mi intención es utilizarla más seguido de ahora en adelante. Tomando perspectiva se puede entender mejor la realidad, de uno mismo, de los otros; de una persona, de un país; a nivel personal o global, emocional, laboral o filosófico.

La perspectiva nos permite comprender. Lo que nos lleva a aprender. Y el paso final, es utilizar esa sabiduría para cambiar y mejorar.

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