Según la sociología, la familia es el primer grupo social con el que la persona entra en contacto, del que aprende y depende. Su supervivencia, bienestar, formación y personalidad está en las manos de esa familia. Parece bastante importante el rol que cumple, no?
Cuando te vas de intercambio te dicen muchas cosas, entre ellas: "irse de intercambio, es como volver a nacer". Ambigua, como toda frase que pretende resumir un concepto amplio, se la puede interpretar como el renacer personal al que se llega por la intensidad de la experiencia, o a lo concreto del proceso. Te encontrás con un idioma nuevo, por ende tenés que aprender a hablar. En algunos casos la forma de moverse en la comunidad es distinta, por ende tenés que aprender a "caminar", (yo literalmente tuve que adaptarme a un país en el cual una bicicleta es tan fundamental como un par de piernas). Te encontrás con muchísimos elementos y funciones básicas de la vida cotidiana, que tenés que re-aprender. Y quién te ayuda ahí? Porque solo es un poquito complicado...
La familia es un factor esencial en el intercambio. De ella depende muchísimo. Por eso es importante siempre dar lo mejor de uno para que esa relación funcione. En los talleres previos, te enseñan que lo más importante es la comunicación con la familia, lo repiten infinitas veces, "comunicación" se convierte en una palabra gastadísima... Y ahora puedo corroborar la verdad y precisión en el asunto.
Al ser de dos culturas diferentes y estar acostumbrados a distintos conceptos de la palabra "normal", las confusiones son inevitables. Poder hablar sobre ellas con libertad, claridad y honestidad con las personas con las que convivís es más que importante. Amigos me han contado sobre problemas que tenían con sus familias anfitrionas y yo los escuchaba... y para mí era como si tuviesen un cartel de neón en la frente que gritaba "falla en la comunicación". Así que agradezco a todos esos voluntarios que tanto insistieron en ese punto y que me ahorraron unos cuantos conflictos. Sin embargo siempre existe la opción de cambiar de familia, y si las cosas simplemente no funcionan con una, se tiene que buscar otra, porque de eso depende una gran parte de la experiencia.
Por suerte a mí me tocó una familia genial. Por supuesto teníamos nuestras diferencias. Yo estaba acostumbrada al estilo de vida de hija única, tener mucha independencia y libertad en mi forma de manejarme, y caí en una familia con tres hijos en la universidad, donde yo era la más chica y sumado a mi condición de hija de acogida, naturalmente iban a cambiar un par de aspectos. Pero con diferencias, algún que otro malentendido (es imposible que no los haya, pero si se aprende de ellos, terminan siendo para bien) y todo, encajamos de una forma fantástica. Como dirían en inglés, un "match made in heaven".
Compartimos el amor por los libros, la cultura, el saber, la curiosidad y el café. Mis papás me llevan a recorrer ciudades , me cuentan muchísimo sobre historia, arte y arquitectura, visitamos museos juntos, viajamos juntos, conocemos iglesias juntos... Incluso si una semana no hacemos ninguna de nuestras "excursiones culturales", hasta quedarnos leyendo juntos o viendo una película en casa se siente enriquecedor. Una de mis anécdotas favoritas es sobre una tarde, que estábamos cenando solo mi papá, mi mamá y yo. Se me había ocurrido preguntar por la traducción y el uso de una expresión en holandés, y se compenetraron tanto en la discusión etimológica que pararon la cena y trajeron al menos tres diccionarios gigantescos a la mesa para consultar y llegar al significado original. Muchas veces pasa que por este tipo de cuestiones terminamos reflexionando con libros en griego o latín en la mano. Me fas-ci-na cuando pasa esto.
Y con mis hermanos también desarrollé una relación preciosa. Siempre quise tener hermanos mayores, y de repente tengo tres. Podemos hablar de muchísimas cosas y ellos me muestran la cultura belga desde otro punto de vista, no la historia, sino la actualidad. Los tres están en el movimiento de los scouts, siempre me llevan con ellos, me presentan a sus amigos y me tienen en cuenta. Mi hermana sabe tocar el piano y cada vez que la veo que se acerca a su silloncito , ya sabemos las dos que en menos de 3,7 segundo yo voy a llegar volando a sentarme en el sillón al lado del piano. Ella practica y yo apoyo la cabeza y me semiduermo, especialmente cuando toca la sonata Nº 14 de Beethoven, "Moonlight" (mi favorita). Con ella tenemos el vínculo de hermanas que las dos siempre quisimos tener. Miramos series juntas, tenemos conversaciones cósmicas, me presta ropa, me cubre cuando me mando alguna que otra... La amo muchísimo. Y mis dos hermanos varones son simplemente geniales. Son las personas más espontáneas que creo conocer. Tienen detalles tan particulares a los que me acostumbré demasiado y que sé que voy a extrañar muchísimo. Por ejemplo el chasquido de los dedos de uno, que hace inconscientemente cuando baja la escalera, o entrar a la cocina y que el otro esté en el piso haciendo flexiones. Realmente los quiero muchísimo a los tres.
Mi familia me regala cada día un pedacito de su cultura y de ellos como familia y como personas, al aceptarme en su hogar, como una más de ellos. Que no compartamos la misma sangre pierde toda importancia cuando el vínculo que formamos tiene más valor que una prueba de ADN.
A la mitad de mi intercambio me toca cambiar de familia, no por decisión propia ni por tener algún problema con la actual, sino porque me asignaron un tipo de estadía con familia múltiple. Es triste poder compartir solo la mitad de mi intercambio con esta primer familia, porque ya se ganaron un lugar entre las personas que son especiales para mí, pero entiendo que así tengo la oportunidad de conocer y disfrutar a dos familias geniales :)
Cuando te vas de intercambio te dicen muchas cosas, entre ellas: "irse de intercambio, es como volver a nacer". Ambigua, como toda frase que pretende resumir un concepto amplio, se la puede interpretar como el renacer personal al que se llega por la intensidad de la experiencia, o a lo concreto del proceso. Te encontrás con un idioma nuevo, por ende tenés que aprender a hablar. En algunos casos la forma de moverse en la comunidad es distinta, por ende tenés que aprender a "caminar", (yo literalmente tuve que adaptarme a un país en el cual una bicicleta es tan fundamental como un par de piernas). Te encontrás con muchísimos elementos y funciones básicas de la vida cotidiana, que tenés que re-aprender. Y quién te ayuda ahí? Porque solo es un poquito complicado...
La familia es un factor esencial en el intercambio. De ella depende muchísimo. Por eso es importante siempre dar lo mejor de uno para que esa relación funcione. En los talleres previos, te enseñan que lo más importante es la comunicación con la familia, lo repiten infinitas veces, "comunicación" se convierte en una palabra gastadísima... Y ahora puedo corroborar la verdad y precisión en el asunto.
Al ser de dos culturas diferentes y estar acostumbrados a distintos conceptos de la palabra "normal", las confusiones son inevitables. Poder hablar sobre ellas con libertad, claridad y honestidad con las personas con las que convivís es más que importante. Amigos me han contado sobre problemas que tenían con sus familias anfitrionas y yo los escuchaba... y para mí era como si tuviesen un cartel de neón en la frente que gritaba "falla en la comunicación". Así que agradezco a todos esos voluntarios que tanto insistieron en ese punto y que me ahorraron unos cuantos conflictos. Sin embargo siempre existe la opción de cambiar de familia, y si las cosas simplemente no funcionan con una, se tiene que buscar otra, porque de eso depende una gran parte de la experiencia.
Por suerte a mí me tocó una familia genial. Por supuesto teníamos nuestras diferencias. Yo estaba acostumbrada al estilo de vida de hija única, tener mucha independencia y libertad en mi forma de manejarme, y caí en una familia con tres hijos en la universidad, donde yo era la más chica y sumado a mi condición de hija de acogida, naturalmente iban a cambiar un par de aspectos. Pero con diferencias, algún que otro malentendido (es imposible que no los haya, pero si se aprende de ellos, terminan siendo para bien) y todo, encajamos de una forma fantástica. Como dirían en inglés, un "match made in heaven".
Compartimos el amor por los libros, la cultura, el saber, la curiosidad y el café. Mis papás me llevan a recorrer ciudades , me cuentan muchísimo sobre historia, arte y arquitectura, visitamos museos juntos, viajamos juntos, conocemos iglesias juntos... Incluso si una semana no hacemos ninguna de nuestras "excursiones culturales", hasta quedarnos leyendo juntos o viendo una película en casa se siente enriquecedor. Una de mis anécdotas favoritas es sobre una tarde, que estábamos cenando solo mi papá, mi mamá y yo. Se me había ocurrido preguntar por la traducción y el uso de una expresión en holandés, y se compenetraron tanto en la discusión etimológica que pararon la cena y trajeron al menos tres diccionarios gigantescos a la mesa para consultar y llegar al significado original. Muchas veces pasa que por este tipo de cuestiones terminamos reflexionando con libros en griego o latín en la mano. Me fas-ci-na cuando pasa esto.
Y con mis hermanos también desarrollé una relación preciosa. Siempre quise tener hermanos mayores, y de repente tengo tres. Podemos hablar de muchísimas cosas y ellos me muestran la cultura belga desde otro punto de vista, no la historia, sino la actualidad. Los tres están en el movimiento de los scouts, siempre me llevan con ellos, me presentan a sus amigos y me tienen en cuenta. Mi hermana sabe tocar el piano y cada vez que la veo que se acerca a su silloncito , ya sabemos las dos que en menos de 3,7 segundo yo voy a llegar volando a sentarme en el sillón al lado del piano. Ella practica y yo apoyo la cabeza y me semiduermo, especialmente cuando toca la sonata Nº 14 de Beethoven, "Moonlight" (mi favorita). Con ella tenemos el vínculo de hermanas que las dos siempre quisimos tener. Miramos series juntas, tenemos conversaciones cósmicas, me presta ropa, me cubre cuando me mando alguna que otra... La amo muchísimo. Y mis dos hermanos varones son simplemente geniales. Son las personas más espontáneas que creo conocer. Tienen detalles tan particulares a los que me acostumbré demasiado y que sé que voy a extrañar muchísimo. Por ejemplo el chasquido de los dedos de uno, que hace inconscientemente cuando baja la escalera, o entrar a la cocina y que el otro esté en el piso haciendo flexiones. Realmente los quiero muchísimo a los tres.
Mi familia me regala cada día un pedacito de su cultura y de ellos como familia y como personas, al aceptarme en su hogar, como una más de ellos. Que no compartamos la misma sangre pierde toda importancia cuando el vínculo que formamos tiene más valor que una prueba de ADN.
A la mitad de mi intercambio me toca cambiar de familia, no por decisión propia ni por tener algún problema con la actual, sino porque me asignaron un tipo de estadía con familia múltiple. Es triste poder compartir solo la mitad de mi intercambio con esta primer familia, porque ya se ganaron un lugar entre las personas que son especiales para mí, pero entiendo que así tengo la oportunidad de conocer y disfrutar a dos familias geniales :)