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Sin duda la mejor parte de la experiencia. Yo soy la loca del auto descubrimiento y el crecimiento personal, y aunque esos dos vienen en se...

martes, 4 de abril de 2017

La Noticia

Esperé por tres meses que se me hicieron eternos los resultados de esta beca de ensueño de la que me atreví a participar. No sabía adónde meter mis ansias y expectativas, ya se me había hecho hasta cómoda creo yo, la incertidumbre. Se publicarían los tres ganadores en Marzo. Marzo, un mes. No una fecha exacta. Así podemos imaginar la magnitud de mi nerviosismo a 15 de Marzo. Mi mamá quiso calmar su propia ansiedad y llamó al voluntario que me había estado ayudando con el proceso de postulación. El 16 y 17 se decidirían los tres elegidos y recién los primeros días de ABRIL se darían a conocer. Era exasperante porque era en lo único que podía pensar, pero me encontré relajándome y diciendo "faltan siglos para que llegue Abril, mejor los transcurro con calma porque sino me agarra algún ataque nervioso antes incluso de saber si me puedo ir o no". Y así fue. Me distraje de los resultados en sí y me concentré en la atracción mental: me imaginaba allá, me imaginaba con una familia fantástica, unida, graciosa, cálida, me imaginaba descubriendo otro idioma, otros lugares, haciendo muchísimos amigos... Me di cuenta que no me tenía que olvidar, sino despreocupar.
Un 30 de Marzo me encuentro almorzando y viendo un episodio de Glee (sí, soy de esas que aman los musicales, shame on me), cuando me suena el celular. Una llamada de Santa Fe. Lo primero que pienso es en un call center que quiere venderme algún paquete de telefonía o tarjetas de crédito. Me tienta ignorarla pero atiendo. "Hola?" digo en un tono desconfiado. Cuando escuché al coordinador de AFS del otro lado me empezaron a temblar partes del cuerpo que no sabía que podían temblar. "Flor! No me reconocés la vos?". Por supuesto que la reconocí, simplemente no me quería arriesgar a creer que era si no era. "Imagino que sabrás por qué te llamo, no?". Sigo en modo chihuahua, pero me levanto y salgo al patio. "Ay no me digas que...". "Sí, sí te digo". "En serio?" "Sí! Ya te podés ir armando la valija..." El llanto mezclado con risa nerviosa no se hizo esperar. De un momento a otro mi mamá había salido y deducido la situación, me abrazaba, me decía que suba a la terraza para conseguir mejor señal. Al otro lado de la línea mi coordinador me felicitaba de parte de todos los voluntarios y me decía que ya me iban a ir manteniendo al tanto de los siguientes pasos. Y así de abruptamente como había llegado, la llamada se fue, terminó.
Fue surreal. La única señal que me decía que había ocurrido realmente era mi mamá que me abrazaba llorando. Pero parecía un sueño. Realmente, cuántas veces había soñado con esa llamada, cuántas veces había deseado que "se me diera". Y ahí estaba, del sueño a la realidad. Increíble.
Luego llegó el momento de dar La Noticia. Qué parte más preciosa! Compartir por fin, la alegría y la satisfacción con quienes te dieron una mano, te apoyaron o simplemente te dijeron "uy ojalá te toque". Caer en la cuenta de que tanto tu familia y tus amigos pasan por las mismas emociones que vos no tiene precio. Te das cuenta de lo mucho que te quieren, aunque en el día a día quizá no lo parezca; ellos lloran con vos, de alegría y felicidad, y por un mismo motivo: te vas.
Y sin embargo, una vez que lo contaste, sigue sin parecerte real. Haber alcanzado eso que parecía tan lejos? Un sueño. Pero no, es la realidad, tu realidad. Y qué realidad más hermosa! Hay cosas que te van haciendo caer, que te dicen "flaca, reaccioná, está pasando en serio!": un mail con tu nombre en él, el conversar con los profesores para ir viendo el tema con la escuela, el darte cuenta de que no vas a estar para tal cosa o tal otra, un formulario que tenés que firmar... Pero igual, pasaron días al menos hasta que yo pude empezar a asimilarlo todo. Es como si se hubiera abierto una brecha en el espacio-tiempo separando dos dimensiones: la que transité hasta esa llamada, la de toda la vida, y la otra, la nueva, la dimensión en la que me voy a ir de intercambio cultural por un año, una dimensión descabellada e increíble.
Me va a costar todavía un tiempo adaptarme a la idea y ser realmente consciente de lo que me espera. Pero por el momento estoy feliz y agradecida de todo corazón. Gracias a AFS por una oportunidad tan fantástica, gracias a la gente que quiero por creer que podía, gracias al Universo, al Destino y a lo que esté por encima de nosotros, coordinando todo y permitiéndome semejante dicha.
Me despido por ahora, muy contenta :)

lunes, 3 de abril de 2017

Mi historia

2015, Rosario, Argentina. Comenzó todo. Tenía 14 años y en mi instituto de inglés nos llevaron por primera vez al auditorio para ver una presentación. Ésta consistía en un tipo de traje, de unos treinta y tantos que nos venía a contar sobre intercambios culturales y una ONG que los ofrecía, una tal AFS. Nos contó sobre su experiencia personal, su año en Tailandia a sus 17. Nos habló sobre el giro que tomó su vida, el cambio radical de pensamiento, lo mucho que lo había hecho crecer. Luego de cinco minutos y las palabras "apertura de mente", "un nuevo yo" y "choque cultural", yo ya estaba buscando una lapicera para firmar.
Cada vez que el hombre decía "alguna pregunta?" mi manito joven y entusiasta se levantaba y yo lo interrogaba sobre todos los detalles habidos y por haber. Una vez que terminó su exposición, pasaron dos chicos de unos veinte masomenos a hablarnos sobre otros programas de Intercambios. Éstos eran proporcionados por el gobierno de los Estados Unidos: el programa Jóvenes Embajadores, un intensivo de idioma y un Campamento de ciencias de Verano.
Ese día me quedé después de clases hablando con esta gente, enganchadísima. Yo ya estaba en un avión con rumbo a quién sabe dónde. Sí, soy bastante embalada.
Las siguientes semanas investigué, organicé citas con asesores, hablé con profesores, googleé a lo loco, di like y mandé solicitudes en toda red social a organizaciones de intercambios y a las que nos mencionaron en aquella presentación... Pero terminé sin postularme a nada, porque según decían "era muy chica" y porque... Honestamente no recuerdo otros motivos, pero el punto es que perdí conexión con este asunto.
Meses más tarde ese año, me encontraba con mi papá en una festividad local, la Fiesta del Helado, probando sabores únicos que son lanzados como prueba para esa ocasión. En uno de los stands se hacía propaganda y se pedían donaciones para una Organización No Gubernamental relacionada con salud infantil, y por alguna casualidad (creo que buscando biromes para completar unas rifas), terminamos ahí. Si bien se me había pasado un poco la locura del intercambio (en realidad no, solo estaba en modo silencio), algo que me había dejado el proceso de postulación fallido, era el deseo de unirme a una estructura voluntaria y servir a una causa noble, que encajara con mis ideales y me permitiera ayudar o colaborar con el bienestar social. Entonces ahí estaba, charlando con estos voluntarios y preguntándoles cómo podía ayudar desde mi lugar de adolescente de 14 años, si podía hacer alguna tarea administrativa o en hospitales o en donde sea, y una de las chicas me sugiere una ONG en la que por ahí encajo mejor en mi situación. Resulta ser nada menos que AFS, la organización que conocí antes ese mismo año. La chica me pasa un número de una amiga suya, coordinadora de AFS para que me contacte. Contenta me voy y vuelvo a hacer mi investigación intensiva en internet y trato de llamar a esta chica todo ese mes, pero nunca me logro comunicar... probablemente haya copiado mal el número. Por una razón u otra, el asunto vuelve a pasar de largo.
Sin embargo, 2016, principios de año y pum: esa vieja y olvidada página a la que le di like alguna vez vuelve a aparecer. "AFS". Ya no podía ser casualidad. Y así como dicen, la tercera es la vencida.
Esta vez me metí a investigar sobre las becas que ofrecía, porque claramente mi familia nunca podría pagar un intercambio completo, y terminé suscribiéndome al servicio de notificaciones por mail y recibiendo invitaciones a encuentros y de repente estaba con mi mamá en una reunión informativa. Y de repente estaba en un bar, con el coordinador general de la estructura de Rosario y con mi mamá, discutiendo las posibilidades para una beca. Y de repente estaba en la casa de una voluntaria, con chicos que también participaban de la beca, con interesados, con chicos que volvían de viaje y con chicos que se iban en semanas, participando en juegos y compartiendo experiencias. Y de repente estaba en mi casa, llenando formularios interminables y escribiendo ensayos sobre problemáticas sociales. Y de repente estaba con otros cinco chicos de Rosario, rindiendo un examen de cultura general. Y de repente estaba apretando el botón de enviar, de repente ya me había postulado para una beca total de un intercambio anual.
Y de repente la había ganado.
Sí, así de loco y "casual" todo.
Así, empieza mi historia como intercambista.

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