2015, Rosario, Argentina. Comenzó todo. Tenía 14 años y en mi instituto de inglés nos llevaron por primera vez al auditorio para ver una presentación. Ésta consistía en un tipo de traje, de unos treinta y tantos que nos venía a contar sobre intercambios culturales y una ONG que los ofrecía, una tal AFS. Nos contó sobre su experiencia personal, su año en Tailandia a sus 17. Nos habló sobre el giro que tomó su vida, el cambio radical de pensamiento, lo mucho que lo había hecho crecer. Luego de cinco minutos y las palabras "apertura de mente", "un nuevo yo" y "choque cultural", yo ya estaba buscando una lapicera para firmar.
Cada vez que el hombre decía "alguna pregunta?" mi manito joven y entusiasta se levantaba y yo lo interrogaba sobre todos los detalles habidos y por haber. Una vez que terminó su exposición, pasaron dos chicos de unos veinte masomenos a hablarnos sobre otros programas de Intercambios. Éstos eran proporcionados por el gobierno de los Estados Unidos: el programa Jóvenes Embajadores, un intensivo de idioma y un Campamento de ciencias de Verano.
Ese día me quedé después de clases hablando con esta gente, enganchadísima. Yo ya estaba en un avión con rumbo a quién sabe dónde. Sí, soy bastante embalada.
Las siguientes semanas investigué, organicé citas con asesores, hablé con profesores, googleé a lo loco, di like y mandé solicitudes en toda red social a organizaciones de intercambios y a las que nos mencionaron en aquella presentación... Pero terminé sin postularme a nada, porque según decían "era muy chica" y porque... Honestamente no recuerdo otros motivos, pero el punto es que perdí conexión con este asunto.
Meses más tarde ese año, me encontraba con mi papá en una festividad local, la Fiesta del Helado, probando sabores únicos que son lanzados como prueba para esa ocasión. En uno de los stands se hacía propaganda y se pedían donaciones para una Organización No Gubernamental relacionada con salud infantil, y por alguna casualidad (creo que buscando biromes para completar unas rifas), terminamos ahí. Si bien se me había pasado un poco la locura del intercambio (en realidad no, solo estaba en modo silencio), algo que me había dejado el proceso de postulación fallido, era el deseo de unirme a una estructura voluntaria y servir a una causa noble, que encajara con mis ideales y me permitiera ayudar o colaborar con el bienestar social. Entonces ahí estaba, charlando con estos voluntarios y preguntándoles cómo podía ayudar desde mi lugar de adolescente de 14 años, si podía hacer alguna tarea administrativa o en hospitales o en donde sea, y una de las chicas me sugiere una ONG en la que por ahí encajo mejor en mi situación. Resulta ser nada menos que AFS, la organización que conocí antes ese mismo año. La chica me pasa un número de una amiga suya, coordinadora de AFS para que me contacte. Contenta me voy y vuelvo a hacer mi investigación intensiva en internet y trato de llamar a esta chica todo ese mes, pero nunca me logro comunicar... probablemente haya copiado mal el número. Por una razón u otra, el asunto vuelve a pasar de largo.
Sin embargo, 2016, principios de año y pum: esa vieja y olvidada página a la que le di like alguna vez vuelve a aparecer. "AFS". Ya no podía ser casualidad. Y así como dicen, la tercera es la vencida.
Esta vez me metí a investigar sobre las becas que ofrecía, porque claramente mi familia nunca podría pagar un intercambio completo, y terminé suscribiéndome al servicio de notificaciones por mail y recibiendo invitaciones a encuentros y de repente estaba con mi mamá en una reunión informativa. Y de repente estaba en un bar, con el coordinador general de la estructura de Rosario y con mi mamá, discutiendo las posibilidades para una beca. Y de repente estaba en la casa de una voluntaria, con chicos que también participaban de la beca, con interesados, con chicos que volvían de viaje y con chicos que se iban en semanas, participando en juegos y compartiendo experiencias. Y de repente estaba en mi casa, llenando formularios interminables y escribiendo ensayos sobre problemáticas sociales. Y de repente estaba con otros cinco chicos de Rosario, rindiendo un examen de cultura general. Y de repente estaba apretando el botón de enviar, de repente ya me había postulado para una beca total de un intercambio anual.
Y de repente la había ganado.
Sí, así de loco y "casual" todo.
Así, empieza mi historia como intercambista.
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