Última entrada

Amigos

Sin duda la mejor parte de la experiencia. Yo soy la loca del auto descubrimiento y el crecimiento personal, y aunque esos dos vienen en se...

lunes, 30 de octubre de 2017

El Día

Y sí. En algún momento iba a llegar, EL día. El tiempo, sea una ilusión, una recta lineal o una percepción humana, pasa indiferentemente a nuestro parecer. Y la fecha se hizo cada vez más cercana, y ahora está acá: Jueves 24 de Agosto, 2017. Con mi familia salimos el miércoles a la mañana para pasar un día en Buenos Aires, ya que no conocíamos la ciudad, y ellos se vuelven hoy, después de despedirme.
Ahora mismo son las 00:38, estoy en la bañera del hotel en el que pasamos la noche, inmersa en un baño desde hace por lo menos una hora, escuchando música y pensando mucho (demasiado). Por eso agarro el celular ahora, después de carburar duramente, llegué a un par de pensamientos y conclusiones que me gustaría dejar por sentado.

Cómo nos cuesta confiar en lo que nos es superior. Sé que suena flashero, pero tiene su lógica y relación con el tema.
Estas últimas semanas fueron bastante intensas. Mucho decir "chau", muchas situaciones definitivas y mucho darme cuenta. Tuve mis reuniones a modo despedida con unos cuantos grupos de amigos, viajé a saludar a distintas partes de la familia, me hicieron una despedida sorpresa, me hicieron regalos, me dieron muchas cartas... Claramente se estaban dando circunstancias fuera de lo común, y si bien agradecí y agradezco de todo corazón todo ésto que acabo de mencionar, no dejé de actuar como si todo siguiera su curso de siempre. No me permití perder la calma y pensar mucho en todo lo que dejo, porque me conozco a mí misma y a mi hipersensibilidad escondida, sé que si ya me agarraba el bajonazo emocional antes de irme... me iba a costar salir de él, y yo quería disfrutar el último tiempo en mi cotidianidad. Así que fui, no reprimiendo, para nada, pero postergando abiertamente mis emociones encontradas al dejar mi vida como siempre la conocí.
Una de las cosas más normales que uno piensa en esta situación es que si bien se deja lo lindo, también se deja lo feo. Entonces te concentrás en todo eso de lo que te vas a librar: una persona que no te bancás, una materia del colegio que te hace la vida imposible, una rutina que no te gusta... lo que se aplique a cada caso. Bueno, yo no sé si soy yo la salada o también le pasa a otra gente, pero dos semanas antes de irme, un 90% de eso que me estorbaba se acomodó. En diversos y amplios aspectos, mis conflictitos se fueron arreglando, dejándome un panorama casi idílico, un panorama que no me deja otra opción más que dejarlo, lamentablemente. De todas formas, y por más que me dé bronca, me di cuenta de que todas esas situaciones, no se hubieran dado si yo no me estuviera yendo. El irme no es un factor que arruina el hecho, sino la causa y motivo por el cual el hecho siquiera ocurre. Así que en vez de irme frustrada por no poder vivir eso que dejo, me voy en paz y contenta de que ésta experiencia me permitió abrir puertas, tanto en Bélgica como en Argentina. No sé si seguirán abiertas cuando vuelva, pero al menos di el primer paso. Las ganas de quedarme incríblemente sigue presentes, en cantidades mínimas, pero prefiero no concentrarme en ellas.
16:10. Ya estoy en el avón. Sip. Tuve intención de escribir antes pero no tuve tiempo físico.
Desayunamos en el hotel y a las 9:3 tuvimos la Reunión Pre-Partida en la Oficina Central de AFS. Llegamos tarde, por supuesto, (espero que si algo me queda de esta experiencia, sea la puntualidad belga), pero nos esperaron así que no nos perdimos de nada. Éramos seis estudiantes, cada uno acompañado de su respectiva familia. Durante la reunión recibimos indicaciones, papeles e instrucciones en materia logística principalmente pero también sobre el intercambio en sí. Mi familia salió finalmente tan encantada con AFS como yo lo estoy desde el momento en que conocí realmente a la ONG. Sacamos las fotos con el famoso mural-mapa de AFS, señalando nuestro destino y nos despedimos para irnos a Ezeiza. Salimos casi corriendo.
Agarramos algo bien rápido en Subway, hicimos el check out en el hotel, mi padrastro buscó el auto y salimos disparados, con tal de llegar con un lindo margen de tiempo al aeropuerto.
Nos volvimos a encontrar con los chicos en Ezeiza y con un voluntario de AFS, que nos guió durante el check in en el aeropuerto. Así que en la terminal C, despachamos las valijas que iban por bodega, y nos despedimos de nuestras familias. Realmente fue un momento intenso pero la consciencia de que te estás despidiendo por un año no se siente. Lo sabés pero no lo sentís. A mí me pareció como si me estuviera por ir a visitar familia en i ciudad natal como suelo hacer, por una semana o dos, aunque claramente eso no tenía nada que ver con lo que estaba pasando. Hice fuerza para no llorar y seguí con el resto de los chicos a pasar el resto de los trámites, seguridad, migraciones... todo hasta llegar a sentarnos a esperar simplemente el momento de subir. Nos cruzamos a unas chicas (Coni, Javiera y Silvia) de AFS Chile, que también van a Bélgica. Nos gritamos mutuamente "AFS?!" y nos juntamos (después de comprar comida y bebida) en la puerta de embarque. También encontramos a una chica con chaquetín de Rottary, sola y un poco bajoneada, así que nos acercamos y nos pusimos a hablar con ella. En un rato terminamos los cuatro que vamos a Bélgica Flamenca, la que va a República Checa, la que va a Bélgica Francesa, los seis de AFS Chile y la de Rottary, todos sentados en el piso en ronda, conociéndonos. No duró mucho porque ya teníamos que embarcar, pero fue re lindo ver cómo la situación particular que cada uno está viviendo nos une y acerca a la de otros. No voy a exagerar en plan "un mundo mejor es posible" (aunque creo firmemente que lo es, pero me suelen cargar por irme a "extremos optimistas" de vez en cuando), pero es real que en otras circunstancias difícilmente nos hubiéramos acercado a estas personas.
De todas formas, emprendimos el proceso de embarque y por supuesto filmamos todo. Yo intenté cancherearla en inglés para ver si después puedo armar un video modo internacional con la experiencia completa.
03:09. Como arranqué escribiendo con la hora argentina voy a seguir así, pero en realidad para nosotros son las 08:09, hora belga. Como no estoy ni en el pasillo ni en la ventanilla, no me resultó muy wow el asunto avión. Por lo general soy fan #1 del simple hecho de estar en el avión, pero éste en particular me cansó mucho. Son en total 13-14 horas, ahora nos falta 1 hora 26 minutos. Volví a mirar La La Land, leí las cartas que mis amigas me escribieron para que lea en el avión, jugué con el mapita interactivo, escribí, dormí menos de dos horas, salí a pasear para estirar las piernas y hablar con el resto de los intercambistas que conocía...  básicamente eso.
Yo soy de las que disfrutan absolutamente todo en este ambiente: despegue, aterrizaje, freeshop, más vuelos, incluso los trámites... pero honestamente, y estoy sorprendida de mí misma, lo único que quiero ahora es llegar a mi (nueva) casa e instalarme. Los bolsos y la posibilidad de perderlos me estresa sobremanera, solo quiero poder desarmarlos y quedarme tranquila en algún lugar, sin tener que trasladarme con cosas.
Por otro lado, punto de observación, creí que El Bajón emocional que estuve postergando iba a llegarme en el avión, estaba muy segura de ello, pero increíblemente no. Sigo en completa y absoluta calma. Es raro. Me siento rara. Hmm.
*hora desconocida* Teóricamente ésto ya no sigue contando como parte El Día, pero prácticamente lo hace, así que voy a proceder a continuar el relato. Una vez que llegamos a Ámsterdam, y a diferencia de lo que mis amigos de Argentina sugirieron reiteradas veces, no, no fumamos marihuana, nada más lejos de la realidad. No nos dimos mucho tiempo de explorar el Freeshop, en cambio, comimos algo bien rápido (no teníamos ni idea qué comida se suponía que teníamos que seguir, pero bueno, el jet lag era el que actuaba) y nos apuramos a hacer los correspondientes trámites, ésta vez sin guía. Salió todo bien y volvimos a esperar otra vez. Nos despedimos de Juli, la chica que se va a Rep. Checa y fuimos por distintos caminos, a tomar distintos vuelos. Embarcamos otra vez y volamos por lo que fue una hora y alguito, pero se sintió como medio segundo. Llegamos por fin a Bruselas y nos encontramos con voluntarios y estudiantes a montones. La parte Francesa y Flamenca se separaron y seguimos a los correspondientes guías. Yo estaba que saltaba literalmente por la emoción de simplemente todo. Sacamos fotos con un montón de banderas, de AFS y de los distintos grupos de países que iban llegando. Tailandia, Bolivia, Indonesia, Chile, Argentina... éramos más de 50 personas, segurísimo, sin contar a los voluntarios. Una señora (parte de AFS, por supuesto) nos ofreció galletitas y abrazos maternales. Nos dieron la bienvenida a Bélgica Flamenca y nos dispusimos a juntarnos con más grupos para llegar a los colectivos que nos llevarían a nuestro Campamento de Bienvenida.
La aventura recién empieza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lo + popular del mes