A veces todo lo que necesitamos es un poco de ella. Perspectiva.
Alejarse de algo para verlo mejor. Qué loco, no? Que empecemos a apreciar más lo que ya no tenemos a nuestro alcance.
El permanecer mucho tiempo quieto nos permite ver las cosas desde un solo punto de vista, nos limita. Por eso necesitamos cambiar, movernos, alejarnos. Porque esa distancia nos hace bien, nos hace crecer. Se cambia de opinión al ver que lo que se tenía por verdad absoluta termina dependiendo de por dónde se lo mire. Y eso es lo más maravilloso que alguna vez nos puede pasar: darnos cuenta de lo efímero de la realidad. Así nuestra forma de pensar, interpretar, ver, y por ende actuar, evoluciona.
Sonará muy amplio, cósmico y profundo; pero a mí me tocó vivirlo a través de mi intercambio. La realidad en la que viví durante más de dieciséis años dio un giro de 180º cuando la dejé. Miré mi vida con otros ojos, desde otro punto de vista... y la vi distinta. Vi que siempre me quejé de cosas que podía cambiar, vi que estoy rodeada de gente increíble, vi la magnitud de muchos sucesos a los que nunca di mucha importancia, y entendí mucho más sobre mí misma, sobre por qué soy de la forma que soy.
Sin embargo aprendí (y sigo aprendiendo) sobre perspectiva en más de un aspecto. Sirve para todo, en la vida. Personalmente, lo experimenté como una evaluación de la propia realidad, pero también en el espectro cultural. Lo que estoy viviendo ahora es justamente, un intercambio cultural. Era inevitable que llegue eventual, consciente o inconscientemente, a este aprendizaje. Comenzamos a entender otra cultura cuando entramos en contacto con ella. Después de un par de meses completamente inmersa en la cultura belga, realmente voy empezando a comprender distintos aspectos de ella, me resultan hasta lógicos. Y no obstante también lo veo con ojos de argentina, y veo el contraste, por supuesto. La diferencia es que ahora lo veo sin prejuicios, o al menos hago el esfuerzo para que así sea. Es terriblemente enriquecedor.
La perspectiva también te ayuda a entender otras culturas sin necesariamente vivirlas. Si bien esa siempre va a ser la forma más efectiva, de una simple charla se aprende mucho. Uno de mis más claros ejemplos fue con la cultura turca. El clásico estereotipo que yo también tenía sin saberlo, era el de los turcos siendo extremadamente serios e introvertidos, cerrados al resto. La sorpresa que me llevé cuando conocí al grupo de 26 estudiantes turcos de intercambio en Flanders. Lo que yo había imaginado inconscientemente no tenía nada que ver con la realidad. Personas totalmente simpáticas, divertidas, amantes de la fiesta, fáciles de conectar con, que se volvían locos con la música latina. En el primer campamento que tuvimos con todos los estudiantes de AFS de Bélgica Flamenca, me tocó en la habitación con dos chicas de Turquía. Hoy son dos de mis mejores amigas en el mundo. Y aproximadamente el 20% de mis amigos de intercambio son turcos. Ésto, creo yo que es a lo que se le llama Efecto AFS. Un claro estereotipo. Y una clara ruptura del mismo.
A través de estas pequeñas y diversas tomas de perspectivas a nivel cultural se me fueron desdibujando las fronteras y empiezo a mirar al mundo como una gran, variada e inmensamente rica cultura única.
Y al mismo tiempo ésto no se queda ahí, tomar perspectiva no sirve solo cuando te vas un año a vivir a otro país y conocés gente de todo el mundo. Lo tomo como una herramienta y mi intención es utilizarla más seguido de ahora en adelante. Tomando perspectiva se puede entender mejor la realidad, de uno mismo, de los otros; de una persona, de un país; a nivel personal o global, emocional, laboral o filosófico.
La perspectiva nos permite comprender. Lo que nos lleva a aprender. Y el paso final, es utilizar esa sabiduría para cambiar y mejorar.
Alejarse de algo para verlo mejor. Qué loco, no? Que empecemos a apreciar más lo que ya no tenemos a nuestro alcance.
El permanecer mucho tiempo quieto nos permite ver las cosas desde un solo punto de vista, nos limita. Por eso necesitamos cambiar, movernos, alejarnos. Porque esa distancia nos hace bien, nos hace crecer. Se cambia de opinión al ver que lo que se tenía por verdad absoluta termina dependiendo de por dónde se lo mire. Y eso es lo más maravilloso que alguna vez nos puede pasar: darnos cuenta de lo efímero de la realidad. Así nuestra forma de pensar, interpretar, ver, y por ende actuar, evoluciona.
Sonará muy amplio, cósmico y profundo; pero a mí me tocó vivirlo a través de mi intercambio. La realidad en la que viví durante más de dieciséis años dio un giro de 180º cuando la dejé. Miré mi vida con otros ojos, desde otro punto de vista... y la vi distinta. Vi que siempre me quejé de cosas que podía cambiar, vi que estoy rodeada de gente increíble, vi la magnitud de muchos sucesos a los que nunca di mucha importancia, y entendí mucho más sobre mí misma, sobre por qué soy de la forma que soy.
Sin embargo aprendí (y sigo aprendiendo) sobre perspectiva en más de un aspecto. Sirve para todo, en la vida. Personalmente, lo experimenté como una evaluación de la propia realidad, pero también en el espectro cultural. Lo que estoy viviendo ahora es justamente, un intercambio cultural. Era inevitable que llegue eventual, consciente o inconscientemente, a este aprendizaje. Comenzamos a entender otra cultura cuando entramos en contacto con ella. Después de un par de meses completamente inmersa en la cultura belga, realmente voy empezando a comprender distintos aspectos de ella, me resultan hasta lógicos. Y no obstante también lo veo con ojos de argentina, y veo el contraste, por supuesto. La diferencia es que ahora lo veo sin prejuicios, o al menos hago el esfuerzo para que así sea. Es terriblemente enriquecedor.
La perspectiva también te ayuda a entender otras culturas sin necesariamente vivirlas. Si bien esa siempre va a ser la forma más efectiva, de una simple charla se aprende mucho. Uno de mis más claros ejemplos fue con la cultura turca. El clásico estereotipo que yo también tenía sin saberlo, era el de los turcos siendo extremadamente serios e introvertidos, cerrados al resto. La sorpresa que me llevé cuando conocí al grupo de 26 estudiantes turcos de intercambio en Flanders. Lo que yo había imaginado inconscientemente no tenía nada que ver con la realidad. Personas totalmente simpáticas, divertidas, amantes de la fiesta, fáciles de conectar con, que se volvían locos con la música latina. En el primer campamento que tuvimos con todos los estudiantes de AFS de Bélgica Flamenca, me tocó en la habitación con dos chicas de Turquía. Hoy son dos de mis mejores amigas en el mundo. Y aproximadamente el 20% de mis amigos de intercambio son turcos. Ésto, creo yo que es a lo que se le llama Efecto AFS. Un claro estereotipo. Y una clara ruptura del mismo.
A través de estas pequeñas y diversas tomas de perspectivas a nivel cultural se me fueron desdibujando las fronteras y empiezo a mirar al mundo como una gran, variada e inmensamente rica cultura única.
Y al mismo tiempo ésto no se queda ahí, tomar perspectiva no sirve solo cuando te vas un año a vivir a otro país y conocés gente de todo el mundo. Lo tomo como una herramienta y mi intención es utilizarla más seguido de ahora en adelante. Tomando perspectiva se puede entender mejor la realidad, de uno mismo, de los otros; de una persona, de un país; a nivel personal o global, emocional, laboral o filosófico.
La perspectiva nos permite comprender. Lo que nos lleva a aprender. Y el paso final, es utilizar esa sabiduría para cambiar y mejorar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario